¿Fraude en las elecciones de Nicaragua?

Benjamín Forcano

El pasado mes de noviembre se celebraron las elecciones municipales en Nicaragua. Los grandes medios de comunicación informaron de ellas, pero asumiendo casi todos que esas elecciones las había ganado el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de forma fraudulenta. Quienes, desde su triunfo en 1979 hasta el día de hoy, seguimos la revolución sandinista y la evolución de Nicaragua, nos hemos debatido entre la perplejidad y la pena, pues a ambos lados del conflicto teníamos amigos que, en la época primera de la revolución, habían luchado juntos. El tiempo pasado y una criba ponderada de la información recibida nos permiten llegar a ciertas conclusiones. Los sandinistas han ganado las municipales por su buena gestión En contra de lo que se dice, hubo observadores internacionales. Las elecciones municipales fueron convertidas por la oposición en un plebiscito para quitar de la escena política a Daniel Ortega. ‘Todos contra Ortega’ era el lema y ése, creo, fue un error de perspectiva. Los partidos opositores, sus ideólogos y sus medios de comunicación se obsesionaron con su triunfo a tal punto que dieron como un hecho que si no ganaban era porque se había dado un fraude. Pero las elecciones no eran para aprobar o desaprobar la persona y el Gobierno de Ortega, que no es todo el partido sandinista. Eran para medir la eficacia en los gobiernos municipales y, en ese campo, la exitosa gestión de las alcaldías del FSLN, desde hace ocho años, le daban una ventaja sustantiva sobre el PLC y la derecha. Por eso, la campaña ‘Todos contra Ortega’ fracasó, no convenció ni tuvo los resultados esperados por la oposición. El Consejo Supremo Electoral (CSE) aceptó revisar el proceso electoral, verificando acta por acta, con la presencia y firma de cuatro partidos: Alianza Liberal Nicaragüense, Partido Resistencia Nicaragüense, FSLN y Alternativa por el Cambio. A esta convocatoria tan decisiva no se presentó el PLC, no obstante ser el único partido que había exigido la revisión de las actas. Pero para entender la situación de Nicaragua es necesario recordar los hechos que han acontecido desde la derrota electoral del FSLN en 1990. Entonces, después de su inesperada y traumática derrota electoral, el Gobierno sandinista traspasó el poder a la alianza antisandinista patrocinada por Estados Unidos. Con el poder, el sandinismo entregó más de 300 empresas públicas -entre ellas complejos industriales, ingenios azucareros, proyectos lecheros, línea aérea, flota pesquera, un ferrocarril-, que era el mayor patrimonio nacional jamás recibido por un Gobierno en la historia del país. En 1993 no quedaba ni patrimonio ni empresas. El Gobierno de Violeta Chamorro había vendido a precio de saldo absolutamente todo en una rapiña obscena que desmanteló Nicaragua. Hubo corrupción en la primera etapa del FSLN, cierto, pero ésta fue ridícula comparada con el festín que luego se dio la derecha en sus 16 años de gobiernos. El FSLN no escapó a la crisis tras la derrota. Entre 1990 y 1991 desde las bases del partido surgió un movimiento de renovación espontáneo, pero desorganizado, que pedía responsabilidades y relevos. La dirección sandinista, a la que ya pertenecía Sergio Ramírez, paró en seco el movimiento, lo cual no impide que, en 1994, Sergio Ramírez constituyera su propia corriente y propusiera que el FSLN girara a la socialdemocracia, sustituyera a Daniel Ortega y nominara a Ramírez candidato presidencial en 1996. Al final, la asamblea sandinista apoyó la línea de izquierda y a Daniel Ortega y le ratificó como líder y candidato a la presidencia. Sergio Ramírez reaccionó abandonando el FSLN y creando su propio partido, el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS). En 1996 las encuestas marcan un ascenso creciente del FSLN. Las votaciones, en octubre, se dan entre inmensas irregularidades, que se hacen más escandalosas a medida que pasan las horas. El FSLN denuncia el inmenso fraude, pero Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA) le fuerzan a aceptar los resultados. Nadie, en el exterior, se hace eco de las protestas sandinistas. Al FSLN le dejan, oficialmente, un 38% de votos y 36 diputados en la Asamblea Nacional, por 42 diputados de la Alianza Liberal. Al contrario que doña Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán recibe un Estado vacío y vaciado, sin empresas ni recursos que privatizar. Por eso debe meter mano directamente en los recursos del Estado, en un ambiente de corrupción general, con el país como botín. En 1999 sucede uno de los episodios más polémicos del FSLN y Daniel Ortega: el pacto con el PLC. La sola idea de pactar con un Gobierno tan desacreditado produce rechazos vehementes en el sandinismo y el MRS condena el acuerdo FSLN-PLC para reformar la Constitución. Pese a ello, en las elecciones municipales del 2000 el FSLN se alza como ganador principal. Vence en Managua, con Herty Lewittes de candidato, y en 11 de las 17 cabeceras departamentales, con lo que gobernará al 60% de la población. Las presidenciales de 2001 las perderá de nuevo el FSLN ante el bloque antisandinista. Las elecciones clave son las municipales de 2004, en las que el FSLN obtiene sus mejores resultados desde 1984. Al fin, en 2006, el FSLN gana las elecciones presidenciales, con casi el 39% de votos, frente al 28% de la ALN y el 15% del PLC. En enero de 2007, el FSLN recibe un país en coma, que resumen unos pocos datos. La abandonada producción energética nacional provocaba apagones diarios, de hasta 14 horas de duración. Un sector salud postrado había convertido a los hospitales en cámaras mortuorias. El analfabetismo (12% en 1990) era del 22%. No había banco de desarrollo que financiara a pequeños y medianos productores, y el hambre abatía extensas zonas del país. Gracias al apoyo de distintos gobiernos, como los de Venezuela y Cuba, en menos de un año se pone fin a los apagones y en menos de dos años se ha llevado agua potable a 217.000 personas y, aplicando el programa ‘Yo Sí Puedo’, se ha reducido el analfabetismo al 13%. La tasa de mortalidad materna ha pasado del 90,4 en 2006 a 22,1 por cada mil nacidos vivos. El esfuerzo del Gobierno debía tener efectos Las elecciones municipales de este 2008 se han dado en un ambiente de profunda lucha ideológica entre el sandinismo y sus detractores. En un proceso vertiginoso de cambios de chaqueta y afiliaciones, Eduardo Montealegre se arregla con Alemán y sale candidato a alcalde de Managua por el desacreditado PLC. ALC y PLC pasan a competir por los mismos votos. Para sorpresa de todos, el MRS pide votar por el PLC. Los resultados de estas elecciones municipales han confirmado el ascenso constante del FSLN desde 1996 y, especialmente, desde 2004. Pese a sus protestas, el PLC no ha podido probar el presunto fraude. También debe desmentirse la información de que no había observadores internacionales. A Nicaragua llegaron como observadores delegados de los tribunales electorales de América Latina, de los países miembros del Protocolo de Quito y de los países signatarios del Protocolo de Tikal, así como observadores del Tribunal Electoral de México. No fueron unas elecciones perfectas, pero comparadas con las de 1996, cuyos resultados le fueron impuestos bajo coerción al FSLN, las elecciones municipales de 2008 fueron cristalinas como las que más.

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