Cachorros del Imperio ladran otra vez al paso de la caravana revolucionaria.

Hernán Mena Cifuentes

Dos eventos, realizados en lugares tan distantes entre sí, pero organizados con el mismo y perverso propósito, como es el de atentar contra la estabilidad del proceso revolucionario que se desarrolla en América Latina y el Caribe, han coincidido esta última semana, el primero en Guayaquil y el segundo en Madrid, con la participación protagónica de las figuras más relevantes de la conspiración, mejor conocidos como los Cachorros del Imperio. Ambas citas, son eslabones de la cadena de actos desestabilizadores que desde hace 3 años adelantan esas sombrías figuras de manera sistemática a raíz de la Cumbre presidencial de Las Américas y la Cumbre paralela de Los Pueblos celebradas en Mar del Plata, donde el presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, sentenció a muerte al nefasto proyecto anexionista imperial del Alca, en la reunión de mandatarios y ante una multitud de revolucionarios de toda la región congregados en un estadio de fútbol. Y es que, los Cachorros del Imperio son esas criaturas despreciables que se arrastran sin ningún asomo de vergüenza y dignidad para lamer los pies de su amo y amamantarse de la áurea leche de sus arcas hoy casi marchitas tras el colapso del sistema financiero del capitalismo salvaje y su modelo neoliberal, que hoy vuelven a ladrar inútilmente al paso incontenible de la revolución latinoamericana y caribeña soñando con frenar el avance de un proceso que ha cambiado el mapa político, económico y social de la región. El primer cachorro en hacer escuchar sus aullidos fue Vicente Fox, el hoy ex presidente mexicano quien, olvidando la nefasta historia que escribió el entonces incipiente Imperio yanqui hace cerca de dos siglos al invadir a México para arrebatarle mas de la mitad de su territorio, en un acto indigno de entrega y fidelidad a su amo, salió histérico en Mar del Plata en defensa de George W. Bush, atacando a los presidentes Chávez y Kirchner al ver naufragar aquel sueño de conquista del que él fue cómplice. Fox, vendedor de refrescos devenido en presidente de la transnacional estadounidense Coca Cola para América Latina y más tarde en presidente de México, pretendía que el resto de los países de la región cayeran con el Alca, en el mismo abismo de dependencia total al Imperio, similar al que cayó su país a partir de 1994 con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, o NAFTA, que ha llevado a niveles de pobreza, hambre, desempleo y desplazamiento nunca antes vistos al pueblo mexicano. Iracundo y fuera de sí, Vicente Fox arremetió contra sus homólogos argentino y venezolano, acusando a Kirchner por el fracaso del encuentro, criticando su papel de anfitrión y presidente de la reunión continental, al señalar que “ser anfitrión marca la responsabilidad de hacer una cumbre exitosa, y una cumbre exitosa es la que obedece al colectivo que busca el consenso entre ese colectivo y busca resoluciones y definiciones oportunas y prácticas, en este caso para América. Kirchner, respondíó a su desproporcionada reacción, manifestando que “Fox se ocupe de los asuntos de México. A mi me votaron los argentinos y me voy a ocupar de los argentinos. En las reuniones internacionales -prosiguió- vamos a seguir defendiendo con toda nuestra fuerza los intereses de Argentina, seremos educados y buenos receptores, pero jamás vamos a afectar los intereses de nuestra patria” El presidente argentino remató su declaración con una frase lapidaria, con la que puso al desnudo la figura de vasallo de Fox, al decir que, “para algunos la buena diplomacia es tener una actitud de pleitesía y de bajar la cabeza frente a los grandes.” Pero, la osadía del gobernante mexicano y su desvinculación con la nueva realidad latinoamericana y caribeña no tuvo límites al referirse a la posición adoptada por su homólogo venezolano en la cita presidencial y en el acto realizado en el estadio, al expresar que, en el debate real con los presidentes y jefes de gobierno, el líder de la Revolución Bolivariana “llegó a extremos de inconsistencia, de falta de falta de tolerancia y voluntad para llegar al acuerdo.” ‘Chávez -dijo mas adelante- se dejó llevar por la euforia” cuando sentenció a muerte el Área de Libre Comercio de las Américas, (Alca), ante un acto multitudinario celebrado en un estadio de fútbol de la misma ciudad, refiriéndose a la Cumbre Paralela de los Pueblos, entre cuyos participantes figuraban el Premio Nobel de La Paz, Adolfo Pérez Esquivel y la figura del fútbol mundial, el también argentino, Diego Armando Maradona. No fue casualidad, que en la tribuna del evento, se encontrara un indígena boliviano llamado Evo Morales, quien 40 días más tarde se convertiría en el primer presidente indígena del país del Altiplano, cuya aplastante victoria sobre un pasado de injusticia, caracterizada por el secular racismo y exclusión social que hasta entonces prevaleció en su patria, abrió nuevos cauces al proceso revolucionario regional que ha ido extendiendo como río caudaloso por toda la región. Y es que hoy, a casi 10 años del triunfo electoral de Chávez, seguido por los de Lula, Kirchner, Vásquez y Evo y los más recientes de Correa y Lugo, la revolución latinoamericana y caribeña ha alcanzado a la mayoría de los países de América del Sur, propagándose como incendio de esperanza hasta la América Central con el triunfo del Comandante Daniel Ortega en Nicaragua, de Álvaro Colom en Guatemala, de Zelaya en Honduras y de otras que habrán de darse mas temprano que tarde en el istmo centroamericano. En cuanto a la actitud asumida también por el entonces mandatario mexicano contra su homólogo venezolano, hubiese sido mejor que Fox no hubiese hablado, porque Chávez al responderle ese día, lo arrojó al basurero de la historia, al aplicarle ese mote vergonzante con el que el mundo identifica a los vasallos de Washington, mejor conocidos a partir de ese día como “Cachorros del Imperio.” Desde entonces, esa jauría de infelices cuyos aullidos hoy si apenas se escuchan en el ámbito internacional han quedado relegados como piezas de un museo de fósiles que se exhiben ocasionalmente en escenarios conspirativos montados por organizaciones y foros internacionales, organizados por el imperio y sus cómplices de las oligarquías criollas desde donde lanzan los dardos de su verbo venenoso contra los líderes y procesos revolucionarios. Los Cachorros difunden a diestra y siniestra, mentiras que dejaron de tener eco en los pueblos que durante siglos se hallaban sumergidos por culpa del Imperio y las oligarquías, en pobreza, hambre, ignorancia, enfermedad y otras plagas sociales, pero que hoy, una vez adquirida una firme conciencia política y social, son inmunes a sus dictados. Sus nombres son bien conocidos por tratarse de ex presidentes, escritores, periodistas y dueños de medios, y sus prontuarios criminales muy amplios, por ser cómplices de Estados Unidos, algunos de ellos en la extensa lista de injerencias, aventuras bélicas y golpes Estado organizados y financiados por EEUU contra esas y otras naciones y sus dirigentes alrededor del mundo. El pueblo latinoamericano y caribeño los reconoce claramente por sus nombres y apellidos, identificados como Vicente Fox, José Aznar, Alejandro Toledo, Mario Vargas Llosa integrantes de esa legión de mandatarios, políticos, periodistas y dueños de medios agrupados en organizaciones de claro tinte y vocación pro imperialistas que, a tiempo completo y devengando jugosos salarios se dedican a atentar contra la estabilidad política, económica y social de los procesos revolucionarios de la región. Desde hace mucho tiempo, aún antes de Mar del Plata, “Los Cachorros del Imperio” son punta de lanza de la ofensiva conspirativa organizada y financiada por EEUU dirigida a desestabilizar los procesos revolucionarios y satanizar a sus líderes en un esfuerzo orientado a impedir que su ejemplo “contamine” a otras naciones y sus dirigentes, acción que ha llegado demasiado tarde, pues a medida que transcurre el tiempo, más pueblos y gobernantes se van sumando al proceso libertario regional. No obstante, su tozudez no tiene límites y, en foros, entrevistas, conferencias y otros eventos organizados con la exclusiva finalidad de atacar a la revolución latinoamericana y a sus líderes, los Cachorros del Imperio, siguen descargando sus andanadas de calumnias y mentiras, pero sus voces discordantes apenas si se escuchan en los cada vez más reducidos espacios a los que ha sido relegado su mensaje destructivo. En el contexto de esa agenda conspirativa, dos de sus más emblemáticos representantes, Vicente Fox, cuya elevada figura de más de 2 metros contrasta con la diminuta humanidad de uno de sus compañeros de andanzas, el peruano Alejandro Toledo pero, similares en tamaño si este se mide por su baja estatura moral, se presentaron el viernes en Guayaquil, bastión de la secesión ecuatoriana, para atacar al proceso revolucionario que está construyendo el Socialismo del Siglo XXI en la región. Siguiendo la línea que les ha trazado su amo, irrespetaron la hospitalidad que les ofrecía el gobierno del joven presidente ecuatoriano Rafael Correa, atacando durante el III Encuentro de ex Gobernantes, supuestamente dirigido a “planificar la agenda social para la democracia de la región en los próximos 20 años”, cuando lo que a todas luces fue un foro enmarcado en los planes conspirativos de Washington orientado a distorsionar la dirección de un proceso ideológico irreversible como lo es el Socialismo del siglo XXI. “El Socialismo del siglo XXI -dijo Fox- es un cuento chino que ya está muy obsoleto. Eso es tema del siglo pasado. Quedó enterrado y se probó que no funciona”, dijo evidentemente confundido y sin saber como retrógrada que es, que hablaba, no sobre ese innovador sistema que construyen Chávez y otros mandatarios progresistas en la región, sino del capitalismo salvaje y su modelo neoliberal que ha colapsado, o quizás pensando en el fracasado Alca que vio hundirse hace tres años bajo las aguas de Mar del Plata. La intervención de Toledo, siguió el mismo guión impuesto por su amo a los Cachorros del Imperio al decir que “hay que evitar que la región caiga en la trampa de tratar de resolver la pobreza regalándole pescado a los pobres en vez de darles el derecho de aprender a pescar con dignidad,” atacando indirectamente sin base ni razón, a los programas de cooperación y ayuda que Venezuela junto con Cuba, vienen desplegando en las áreas energética, educativa y de salud en beneficio de los hermanos pueblos de la región. Y esta semana otros de sus cómplices, dedicados a la tarea que les ha asignado Washington, se han apostado una vez más en las trincheras de la Sociedad Interamericana de Prensa, una de las mas perversas y nefastas organizaciones creadas para desestabilizar gobiernos y mandatarios latinoamericanos y caribeños que no aceptan ser vasallos como ellos y, desde Madrid, lanzan sus ataques, denunciando a voz de cuello que no existe libertad de expresión en esas naciones con gobiernos progresistas. La capital española es sede en estos días, de la LXIV Asamblea de la SIP, cuya última reunión celebrada en Caracas devino en gran fracaso, opacada por el Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, que desmontó el andamiaje de difamaciones levantado en ese foro contra la Revolución Bolivariana y demás procesos progresistas regionales, mientras simultáneamente evitaba condenar los atentados que contra la libertad de prensa cometen gobiernos pro imperialistas de América Latina y el Caribe. En la reunión participan propietarios, directores y jefes de información de los más de 1.300 medios impresos agrupados en la SIP, incondicionales cómplices del capitalismo y su modelo neoliberal y de la estructura de poder político, económico y social con que EEUU ha dominado al mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial, poder que hoy amenaza con desplomarse, tras el colapso del sistema financiero del Imperio que está arrastrando en su caída a las economías de sus socios europeos y asiáticos. El Informe que esta sociedad de mercenarios del Imperio emite todos los años en sus asambleas, sobre el Estado de la Libertad de Prensa en el Hemisferio, repetirá la condena que desde hace medio siglo viene imponiendo a la Revolución cubana, condena que desde hace una década también emite contra la Revolución Bolivariana y que en esta nueva edición incluirá seguramente a Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Sorprende el hecho, de que Mario Vargas Llosa, prominente ejemplar y emblemática figura integrante de la jauría de Cachorros del Imperio, designado como orador de orden por los organizadores del evento, no atacara como suele hacerlo, a Chávez y Fidel, blancos favoritos de su odio visceral en todas y cada una de las reuniones en las que participa como vasallo asalariado al servicio de la potencia imperial. La razón de este extraño comportamiento, podría encontrarse en el hecho de que, al fin se habría dado cuenta de que su constante mensaje desestabilizador, al igual que el del resto de sus hermanos, los cachorros, ya no causa mella en la conciencia de los pueblos, por lo que prefirió dedicarse a tratar un tema muy distinto, al hablar de “la frontera entre el periodismo serio y sensacionalista, -que dijo- es cada vez menos nítida”, asegurando que “el mundo occidental vive inmerso en una civilización de espectáculo.” Lo único cierto es que Vargas Llosa, asumió una actitud de reflexión y pasividad que contrasta con su carácter prepotente y soberbio evitando a lo largo de su intervención referirse a los comandantes revolucionarios Fidel y Chávez, acusarlos como ha sido una constante de sus discursos, de dictadores autoritarios, prefiriendo abordar un asunto diferente manifestando entre otras cosas que “las revistas del corazón” han acabado con la privacidad de cualquier persona que ocupa un cargo público.” Ya era tiempo de que lo hiciera, y tal vez sus compañeros, los demás cachorros del Imperio, comprendan igualmente que se les agotó el tiempo y que están desfasados de la realidad, porque sus ladridos se pierden bajo el ruido de las ruedas de la caravana conducida por los líderes de una Revolución que está abriendo caminos de esperanza, de paz, de progreso y bienestar para los pueblos de América Latina y el Caribe.

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