Carta al candidato a la Presidencia de los EEUU Barack Obama.

Adolfo Pérez Esquivel


Una carta para compartir la realidad de América Latina y el mundo envió el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel al candidato a la Presidencia de Estados Unidos (EEUU) Barack Obama.

En la misiva, Pérez Esquivel destaca que los pueblos del continente latinoamericano van asumiendo su propia voz en el concierto de las naciones e integración regional. ‘Es un derecho indelegable y que Estados Unidos puede compartir fraternalmente, en bien de todos’.

A continuación transmitimos el texto completo de la carta:

En ocasión de encontrarnos en Los Ángeles junto con otros Premios Nobel de la Paz en una reunión y reflexión sobre la situación internacional, le entrego la presente carta para compartir la realidad de América Latina y el mundo. Espero que le ayude a comprender y valorar los lazos de unidad de los pueblos y encontrar nuevos caminos y paradigmas en bien de la humanidad.

Lo que ocurre en los Estados Unidos de Norteamérica tiene repercusión en el mundo, y sus decisiones influyen en las relaciones entre los pueblos, muchas veces alteradas y confrontadas, poniendo en peligro la Paz mundial, generando la inestabilidad y conflictos en diversas regiones.

Después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y el fin de la Guerra Fría, muchos pensamos que las relaciones internacionales serían de cooperación y solidaridad entre los pueblos, que nuevos aires de integración y entendimiento para la paz llegaban después de largos años de confrontación entre los dos bloques dominantes.

Nos equivocamos. Se agudizaron las tensiones y surgieron nuevas guerras y muros de intolerancia y enfrentamientos: las guerras en Afganistán e Irak, en África, China, que comete genocidio y etnocidio contra el pueblo tibetano. La grave situación del Medio Oriente, guerra que lleva más de 50 años entre Israel y Palestina, y la necesidad del Estado Palestino de superar las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por Israel.

Y están las violaciones a los derechos humanos por parte de EE.UU. en la base militar que mantiene en Guantánamo, Cuba, y en las cárceles de Irak, en Abu Graib, un país invadido y destruido, siendo victima del despojo de lo que es patrimonio cultural de la humanidad. He estado doce días en Bagdad y pude ver las atrocidades cometidas contra ese sufrido pueblo.

A pesar de esto, que señalo brevemente, y que usted conoce, hoy se abre una esperanza en EE.UU., y es que Ud. pueda llegar a ser el próximo presidente de Norteamérica. De ser así, se abren nuevas posibilidades para caminos de paz y para un cambio en la situación actual de destrucción y muerte que impuso el gobierno del presidente Republicano George Bush, basado en la mentira y en la violencia.

Es necesario lograr cambios hacia sociedades más justas y fraternas y ver qué ocurre en lo interno en su país y a nivel internacional. EE.UU. que vive en pleno auge del neoliberalismo, a pesar de ser un país rico y desarrollado, no ha podido garantizar a sus ciudadanos un nivel de desarrollo humano satisfactorio.

Usted bien sabe que hoy existe en EE.UU. 32 millones de personas con una esperanza de vida inferior a los 60 años; 45 millones de personas viven bajo el nivel de pobreza y 52 millones de ciudadanos y ciudadanas son analfabetas. (informe Nouveau Siècle-I. Ramonet). Sin embargo, se gastan millones de dólares en armas, y se generan conflictos armados que poner en serio peligro la paz mundial.

EE.UU. fue un país pionero en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamados por las Naciones Unidas en 1948, lamentablemente hoy olvidados y violados sistemáticamente. Es urgente restablecer el equilibrio y “desarmar las conciencias armadas” y generar políticas de integración entre los pueblos. En este sentido, me permito transmitirle las preocupaciones y necesidades de nuestro continente latinoamericano.

Las bases militares de EE.UU. en A. Latina no contribuyen a la Paz y la seguridad continental, al igual que la reactivación de la IV Flota en mares del continente latinoamericano. Son una amenaza y generan preocupación en la región. Otra grave situación es la violencia del terrorismo de Estado en Colombia, las guerrillas, los paramilitares y el narcotráfico. Su solución es política y no militar.

Un viejo problema vigente y no resuelto hasta el presente, es el bloqueo de casi 50 años, inmoral e injusto, a Cuba, lo que pone en evidencia la política de agresión impuesta por EE.UU., violando las resoluciones y recomendaciones de las Naciones Unidas.

La democracia se basa en la participación del pueblo y en el derecho e igualdad para todos y no para algunos. Y no puede ser la que impone EE.UU. a otros países que han elegido su propio camino y decisión soberana. Es necesaria la pluralidad y el respeto al derecho de los pueblos a su autodeterminación.

Cuba no es una amenaza para los EE.UU. ni para ningún pueblo del mundo. Senador Obama, analice objetivamente la política del pueblo cubano que envía médicos, técnicos, educadores contribuyendo con los pueblos más necesitados. Siendo Cuba un país con pocos recursos y bloqueado por EE.UU., no ha dejado de contribuir a la Paz y Solidaridad con los pueblos.

Si asume la Presidencia de los EE.UU. es necesario que cambie la política de dominación y respete las decisiones de las Naciones Unidas y el derecho soberano que tiene el pueblo cubano y su gobierno. Un paso importante es la liberación de los cinco prisioneros cubanos a quienes no han podido comprobar delito alguno y someten a prisión durante diez años, negándoles el derecho a la defensa y a que sus familias los puedan visitar. Esos actos son inhumanos y violatorios de los Pactos y Protocolos Internacionales y de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas.

Es urgente y necesario levantar el bloqueo a Cuba a través del diálogo y acuerdos políticos y sociales. EE.UU. y Cuba pueden vivir en paz, en proyectos de cooperación y respeto mutuo.

Los pueblos del continente latinoamericano van asumiendo su propia voz en el concierto de las naciones e integración regional. Es un derecho indelegable y que EE.UU. puede compartir fraternalmente, en bien de todos.

La humanidad está sujeta a la dinámica y decisiones transformadoras. Las ciencias y tecnologías han provocado cambios profundos , han llevado a la aceleración del tiempo y espacio y cambiado los ritmos en la vida y por lo tanto hay que recuperar el equilibrio entre la persona y los pueblos. Es una dinámica que provoca, por un lado avances positivos y por otro la agudización de conflictos y violencia.

Es urgente encontrar el equilibrio para la preservación del medio ambiente, lo que en América Latina llamamos nuestra Madre Tierra, nuestra Pachamama, hoy violentada y sometida a la destrucción masiva y sistemática. Los intereses económicos y políticos privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos. Es necesario generar un código de conducta y prevención, sanciones a empresas que no cuiden el medio ambiente.

Es necesario desarrollar políticas claras y contundentes para preservar el Planeta, su biodiversidad, el agua, los recursos naturales, los bosques, antes que sea tarde. Los recursos naturales no son infinitos y si no se asumen políticas claras y realistas sobre su cuidado y preservación está en peligro la vida misma del planeta. EE.UU. se han negado sistemáticamente a firmar los Acuerdos de Kyoto y esa actitud es perjudicial para la humanidad y para el mismo pueblo de los EE.UU.

Las Naciones Unidas y la FAO han lanzado un angustiante llamado a la soberanía alimentaria por la falta de alimentos en el mundo. La FAO señala que por día mueren en el mundo más de 35 mil niños de hambre. Es un genocidio silencioso que afecta a la humanidad y queda en la total impunidad.

Evidentemente, senador Obama es necesario asumir estos desafíos como muchos otros que tienen que ver con las relaciones entre los pueblos. Sería importante su acercamiento y diálogo con los pueblos y gobiernos del continente latinoamericano.

Tenemos necesidad de la unidad y cooperación y no de las imposiciones por la fuerza y la violencia.

El mundo necesita de la Paz. Es la gran revolución del Siglo XXI. Debemos trabajar por un nuevo paradigma de Vida. Espero que esta carta ayude a la reflexión y compromiso que lleven a una sociedad más justa y fraterna. Si usted asume la presidencia, ojalá se afirme la esperanza de comenzar un nuevo amanecer para los pueblos del mundo basado en la diversidad y la unidad. Le reitero el fraterno saludo de Paz y Bien deseándole mucha fuerza y esperanza.

Adolfo Pérez Esquivel

Premio Nobel de la Paz 1980

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