Cita presidencial: Chávez, Evo, Correa y Lula consolidaron en Manaos la integración regional

Hernán Mena Cifuentes

Aún no se había apagado el eco de la celebración con que el pueblo ecuatoriano y sus hermanos del resto de América Latina y el Caribe festejaban el abrumador triunfo del Si en el referéndum del pasado domingo en Ecuador cuando, apenas transcurridas 48 horas del histórico evento, ya los presidentes de Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela se reunían en Manaos, para proseguir con el reto histórico de hacer realidad la integración económica, política y social de la región.

En principio, la agenda solo contemplaba el encuentro entre los mandatarios de Brasil y Venezuela como parte de las reuniones trimestrales que ambos realizan para analizar la marcha de la relación bilateral pero, la incorporación de nuevos países de la región al dinámico proceso integrador, la victoria de Correa en la consulta del domingo y la crisis del capitalismo y su modelo neoliberal que estalló tras el desplome del mercado financiero, habrían determinado la asistencia de los presidentes de Bolivia y Ecuador.

La cita se dio en medio del panorama de caos geopolítico, económico y social que afecta al Primer Mundo, en contraste con el clima de bonanza y progreso que exhibe nuestra región, más unida y fuerte que nunca, menos expuesta a sufrir los embates de la crisis financiera iniciada en Estados Unidos ante el fracaso de un sistema y su modelo que, después de saquear las riquezas del Tercer Mundo, se han devuelto como bumerang contra sus propia economía arrastrando al Imperio a una de las peores crisis de su historia.

Mientras que el gobierno de George W. Bush trata de salvar al perverso sistema financiero estadounidense, inyectando cientos de miles de millones de dólares pretendiendo que los pague el pueblo, los gobernantes de esas 4 naciones sudamericanas se reunieron para implementar planes de desarrollo llamados a llevar prosperidad y bienestar a sus pueblos y a adoptar medidas orientadas a prevenir que los “coletazos” de la “tormenta” que azota al Imperio y sus aliados afecten a las economías de la región.

La cita constituyó uno de esos eventos que los últimos tiempos han hecho historia, por la importancia de los acuerdos y memorandos de entendimiento de carácter bilateral y multilateral suscritos, evidencia de un liderazgo real y efectivo que ha dejado atrás el pasado de la retórica elegante del discurso de unos gobernantes que aparentaban hablar con voz propia, cuando la verdad es que eran maniquíes del Imperio un ventrílocuo, que hablaba en nombre de ellos.

Una serie de proyectos, unos ya implementados, otros en vías de ejecución, son las herramientas utilizadas por los cuatro países cuyos líderes asistieron a la cita, a los que se suman los de Argentina, Paraguay y Uruguay que, aun cuando no asistieron a la reunión, conforman una granítica unidad de gobernantes progresistas de siete naciones pioneras en la elaboración de un plan de desarrollo integral orientado a convertir a la región en un nuevo polo mundial de poder económico, político y social.

La cita superó las expectativas que había generado, pues además de cumplir con las metas trazadas, puso en evidencia el espíritu de unidad y solidaridad de un grupo de gobernantes y la imagen de una América Latina y caribeña erigida en isla de esperanza para un mundo asolado por guerras, hambrunas, ignorancia, enfermedades y otras lacras sociales provocadas por un Imperio hoy decadencia que comienza a cosechar las tempestades que sembró con sus vientos de conquista.

Además de adoptar medidas destinadas a evitar que la región sea “salpicada” por el colapso financiero que afecta a EEUU, Europa y algunas naciones de Asia por el fracaso del modelo neoliberal y el libre mercado inspirados en la usura y la codicia, en Manaos se acordó acelerar la marcha de la integración regional solidaria humanista que construyen esos líderes a través la ampliación del área energética, la seguridad alimentaria y financiera, la construcción de fábricas y estratégicos ejes viales.

El viejo sueño de unir las costas Atlántica y Pacífica de América del Sur, separadas desde hace milenios por inmensas barreras como la selva amazónica, la cordillera de Los Andes, grandes ríos y otros obstáculos naturales, además de otros de carácter geoestratégico y político originados en la mezquindad y desconfianza, está próximo a convertirse en realidad con la construcción del Eje interoceánico multimodal que unirá Manaos, en Brasil con Manta, en Ecuador, proyecto que fue ratificado en la cita presidencial.

Simultáneamente y en el marco del mismo proceso integrador regional, Brasil, Bolivia y Chile ejecutan otra obra vial bioceánica similar a la anterior, que partirá del puerto de Santos en Brasil y atravesará Bolivia hasta el terminal marítimo de Arica en la costa pacífica chilena, por las que transitarán los productos brasileños, bolivianos y ecuatorianos, para ser enviados a los mercados de Asia, Centroamérica, México y los puertos de la costa occidental de EEUU y Canadá.

Otra obra cuya aceleración fue estudiada y objeto de la inmediata aprobación por parte de Lula y Chávez, es la conexión fluvial entre Brasil y Venezuela a través de los ríos Amazonas, Río Negro, Orinoco y otras corrientes hídricas que contribuirán al proceso integrador que se adelanta en la región, que se complementará con la vialidad terrestre ya existentes para unir a las principales ciudades de ambos países.

En el área energética, se acordó reactivar la participación de Venezuela en la construcción de la Refinería Abreu de Lima en Brasil donde se procesará el petróleo proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco, mientras que Lula y Evo acordaban incrementar la producción de gas y de petróleo boliviano con el fin de aumentar el suministro de ambos energéticos a Brasíl y Argentina, mientras que en el área financiera Chávez propuso acelerar las conversaciones para la puesta en marcha en diciembre, del Banco del Sur.

Manaos fue, sin duda alguna, escenario de una reunión histórica que culminó con la firma del Acta Constitutiva, reafirmación de la alianza indisoluble de unos países que vivieron aislados entre sí durante siglos, por la acción perversa de los Imperios y las oligarquías que se enriquecieron a costa de la explotación de sus pueblos y el saqueo de los recursos naturales de una región que hoy se rebela y ha dicho “basta”, en la voz de sus mandatarios progresistas decididos a construir la patria grande que soñó Bolívar.

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