Jerarquía eclesiástica condena a Latinoamérica al infierno de la justicia

Jesús Inojosa

La jerarquía eclesiástica, compuesta por monseñores, obispos y cardenales, a través de los comunicados y declaraciones que emiten desde el seno de las nunciaturas y episcopados; ataca los planes, proyectos y leyes que impulsan los gobiernos progresistas de América Latina. Tal es el caso ocurrido recientemente, cuando el episcopado de Ecuador se pronunció en contra de la nueva Constitución, la cual será sometida a referendo para su aprobación y entrada en vigencia, acusando que el nuevo texto constitucional posee un alto grado de estatismo y además de catalogarla como violatoria de los derechos humanos. Esto recuerda lo ocurrido en Venezuela cuando esta jerarquía se opuso a la Constitución que elaboró la Asamblea Nacional Constituyente en 1999 y que fue aprobada con más del 70% de la población electoral de Venezuela. Los argumentos utilizados en contra de este texto constitucional eran los mismos que han utilizados los jerarcas ecuatorianos, quienes acusan a los constituyentes de elaborar una instrumento legal “dirigido a otorgar más poder al Presidente de la República, con lo cual se le está dando una puñalada a la democracia”. La jerarquía ecuatoriana ha divulgado cosas como esta: “Descubrimos que el estatismo parece ser un hilo conductor de la nueva Constitución. En ella se habla, por supuesto, de derechos, pero muchos de estos derechos fluyen del Estado, violentando así la creatividad y responsabilidad de las personas y de la sociedad”. Por si fuera poco dicen: “Se atenta en contra de la familia como célula fundamental de la sociedad y del bien común. La nueva Constitución desdibuja la familia, cuando rechaza la existencia de la ‘familia tipo’ para sustituirla con distintos ‘tipos de familia’. De ahí se pasa a equiparar a la familia la unión de personas del mismo sexo”. El puritanismo ha sido utilizado por la jerarquía eclesiástica del mundo para cometer atrocidades en contra de la humanidad, como lo fueron las quemas a través de la santa inquisición o las matanzas que cometieron en contra de las sociedades que habitaban estas tierras, antes de su llegada con la espada como cruz. Asimismo, emplazan a los ecuatorianos a ejercer su derecho al voto para la aprobación de esta propuesta constitucional , “implorando la sabiduría divina”, la misma que invocaron los representantes eclesiásticos para decapitar a Juana de Arco o para acusar a Bolívar de demonio en 1812 o para incentivar un golpe de Estado, como el venezolano donde un obispo firmó el acta constitutiva del gobierno de facto. El Presidente ecuatoriano los ha acusado de mentiroso y ha colocado como ejemplo que el proyecto de Constitución ecuatoriana no avala el aborto, además recordó que las críticas de la cúpula de la iglesia van dirigidas a cuatro de 444 artículos de la norma constitucional, por lo cual no comparte la noción de llamar a votar no porque estés en desacuerdo con el 1% del texto. Hoy, en Venezuela, existe una nueva campaña encabezada por la jerarquía eclesiástica del país en contra de 26 leyes que benefician a la población venezolana y reordenan el funcionamiento del Estado, con lo cual se deja en evidencia nuevamente la intromisión de estos personajes en las actividades políticas de Latinoamérica. Asimismo en Nicaragua, luego de la caída de la revolución sandinista, se instalaron gobiernos de ideología pro norteamericana y un monseñor, durante el Gobierno del derechista Arnoldo Alemán, acusado de corrupción, dijo que las denuncias de malversación de fondos estaban parcializadas. El anterior representante de la iglesia católica, el Papa Juan Pablo II, también comparó a la Nicaragua sandinista con la Polonia comunista, acusándola de violar los derechos humanos. Estas denuncias no se evidenciaron durante su visita a Argentina, cuando mandó el sanguinario dictador Jorge Rafael Videla o el anticomunista y asesino de Salvador Allende, Augusto Pinochet. Aquí no hubo críticas ni discursos políticos por parte del máximo jerarca de la iglesia Católica, por el contrario hubo silencio complaciente. Recientemente, el sucesor de Juan Pablo II, Benedicto XVI, visitó la tierra de la “libertad” y no tuvo ninguna crítica para con el Gobierno que encabezó una ofensiva contra la humanidad y contra todo aquello que le fuera contrario a sus intereses, todo esto avalado por un supuesto atentado terrorista que genera más preguntas que respuestas. Consecuentemente, la iglesia debe ocupar sus espacios de fe y dejar que sea la población la que elija qué desea para su bienestar. En Venezuela y la mayor parte de los países de América Latina se han emprendido iniciativas de iglesias que buscan capitalizar los errores de la mayor religión de este continente y que han tenido asidero en aquellos que buscan en la oración solamente un método para la salvación y no una tribuna para la política. Hugo Chávez irá al infierno, Rafael Correa irá al infierno, Evo Morales irá al infierno, Daniel Ortega irá al infierno, porque para la jerarquía católica todo aquello que represente bienestar y desarrollo para los habitantes del continente con el mayor índice de desigualdad en el mundo siempre nos estarán conduciendo al infierno de la equidad, de la igualdad y de la justicia.

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