Haití, tierra de lucha y resistencia negra

Jesús Inojosa

Resuena el tambor en los campos y ciudades de Haití la negra, la fuerte, la que por dignidad se niega a morir, con su vaivén de repiques interminables y acompañado del llanto hecho canto, que despiertan el baile, que despiertan el calor de una raza y el calor de un pueblo que sufre y llora. En sus selvas aún se oye el eco de las voces de los guerreros que bajo el grito de “Liberté ou mort” lucharon hasta lograr la emancipación de lo que hoy es y será para siempre la primera República libre de Latinoamérica y la primera nación negra en proclamar su libertad. La libertad lleva el color negro Más de 300 mil negros se mantuvieron sumergidos en una cruenta esclavitud que impuso la Francia que estaba bajo el mando de la monarquía. Durante todos esos años de sometimiento, la imagen de la madre tierra seguía presente en sus mentes, el vaivén de las olas traían consigo los cantos de la negritud que aun permanecían en esta tierra mágica, pero igual se los llevaban, dejando en ellos tan solo el eco del llanto de la madre que los vio partir a rumbo desconocido bajo la garras del hombre blanco. Sangre y fuego eran las políticas establecidas por el gobierno francés; innumerables son las muertes que bajo la espada colonialista se acusaron, innumerables eran las lágrimas que se derramaron en los rostros negros de las miles y miles de almas que con cantos lloraban la desdicha vivida. Destruida la esclavitud monárquica por las manos de miles de negros, que con los rostros bañados en lágrimas de alegría; la alegría que generaba el estar empuñando las armas para liberar a su pueblo, y dirigidos por aquel ser que surgió dentro de ese infierno que había creado el hombre blanco para su existencia en la isla, aquel gigante que llevó por nombre Francois Dominique Toussaint-Loverture, los negros libertarios se desplazan a llevar la esperanza al lado Este de la isla dominada por los españoles. El negro y el águila Liberada “La española” -nombre con el que los españoles decidieron bautizar a la región Este de la isla antillana- se escucha a lo lejos el vuelo de un pájaro que cierne sobre toda la isla caribeña su sombra, luego mira con ojos de ambición la tierra liberada y decide abandonar su vuelo para plantar sus garras sobre el territorio libre. A esta ave se le veía joven, fuerte y llena de ambiciones. Un negro guerrero con rostro fuerte se le acerca y le interroga. ¿Quién eres? Y el ave, inspirando el aire impregnado del olor a libertad y expulsando en su exhalación una putrefacción que al negro le recordó el olor que se desprendía en el aire durante la dominación francesa, dijo: “Soy lo nuevo, soy tu amo, soy el imperio que nace, yo soy Estados Unidos’. El negro empuñando su arma y con fiereza le responde: “Yo no tengo amo, mi amo se llama patria y libertad”. El águila ríe irónicamente y luego expulsa de sus fauces un ruido que ensordece al guerrero y trae consigo una tormenta, donde cada soplido del viento traía la muerte y cuyas gotas de lluvia contribuían a elevar los caudales de los ríos que conducían al hombre negro al mar de la esclavitud. Así llegó Estados Unidos, con el manto de la fuerza y la espada como cetro, a conquistar la tierra libre, la tierra soberana, la tierra de Haití. Hoy, el águila sigue plantada con gran prepotencia y mayor poder. Está ahí, aun se ve, dicen los rostros negros de la nación haitiana, mientras que el mundo se niega a verlo, y no porque sea ciego; por el contrario, su vista le permite visualizar la grandeza y poder que acumula esta ave, por lo que no desean mirarla, se tapan los ojos para no verla, porque de hacerlo, se corre el peligro de que ella dirija su vista hacia tí. El guerrero libertario, que quedó aturdido y vertido sobre las garras del águila, despierta y empuña su espada para darle muerte, pero el ave con su infernal ruido lo derrumba y lo cierne nuevamente en una pesadilla llena de sangre, hambre y dolor de los miles y miles de rostros negros, que alguna vez, en algún momento, rieron y gritaron ¡Vive le Liberté! ¡Haití, resiste! El pueblo de Haití resiste hoy el más fuerte embate de un imperio que subyace, y que por medio de la fuerza pretende mantenerse en las tierras de Bolívar, de Toussaint-Loverture, de Sandino, de Martí y de ortos tantos gigantes que liberaron a estas tierras del imperio español. Es por eso que hoy te digo resiste Haití, resiste, que el día de la América Latina y el día de los pueblos ha llegado y el águila que hoy se muestra prepotente y poderosa yacerá bajo la espada libertaria de tu pueblo que con su rostro negro lanzará nuevamente a los cuatro vientos el grito de “Liberté o mort”.

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