Uribe, el desechable.

Gloria Gaitán.

La operación “Jaque” ha sido una gran lección política para quienes hemos sido entrenados en el análisis subliminal de los acontecimientos. Sería mucho, muchísimo, lo que habría que analizarse en ese terreno de lo aparentemente “invisible” y tal vez lo haré en próximas oportunidad. Pero, por hoy, destaquemos el hecho indiscutible de que, dentro del operativo montado por el ejército colombiano, se articuló una clara escenografía para destacar al Ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, como protagonista principal del operativo exitoso. Visualmente Uribe apareció en segundo plano, casi desapercibido, sin olvidar que pocas semanas antes se hizo público el hecho de que el bombardeo al campamento de Raúl Reyes en Ecuador y su muerte, fueron conocidos por el Presidente a través de un reportaje que dio el Ministro Santos a los medios. La llegada al aeropuerto militar de Catam en Bogotá – donde Ingrid dio sus primeras declaraciones – tuvo como figura principal al ministro que, con guayabera blanca para que resaltara más en medio de los camuflados, bajó del avión tutelando a Ingrid, “su amiga”, como lo indicaron todos los periodistas a sueldo de los medios de comunicación que están al servicio del régimen. Uribe no estuvo allí para recibirla, como sí lo estuvo Sarkozy en el aeropuerto militar de París a donde llegó Ingrid en avión fletado por el gobierno francés. ¿Que Uribe no hace esas cosas? Falso. Cuando el rescate de Emmanuel apareció en los aeropuertos en primera fila para denunciar que el niño estaba en el Instituto de Bienestar Familiar. Además, el diario El Tiempo y los gremios económicos, junto con la Iglesia Católica, han insistido, después de la gloriosa faena, en que los reflectores deben dejar de enfocar únicamente la operación Jaque y ocuparse de otros asuntos de gravedad, en los que –insisten– el gobierno de Uribe no ha sido propiamente exitoso, o sea lo social aliado con lo económico. En un editorial del diario más influyente de Colombia, El Tiempo, se lee “Lo probable es que el país vuelva pronto a sus preocupaciones cotidianas. Y, como lo muestra claramente la encuesta (Invamer-Gallup) la seguridad ya no es la primera de ellas: son la economía y la pobreza. Un mensaje que el Gobierno debe tener en cuenta en toda su complejidad y urgencia”. Sabemos que la economía y lo social no son el fuerte de Uribe y que, como lo repiten los poderosos medios de comunicación, la guerra ya no es un peligro y la guerrilla vive su fase terminal. La preocupación es otra. Ya no se hará énfasis en la “seguridad democrática” – lema y preocupación central y única de Uribe- sino en la “seguridad económica”. Y ahí es donde no debemos olvidar que Juan Manuel Santos estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, en Estados Unidos y que obtuvo el título de Magíster en Economía, Desarrollo Económico y Administración Pública del London School of Economics y Harvard University. Además, en su calidad de economista, Santos ingresó en 1972 a la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, el gremio prácticamente más influyente del país, al ser el café el producto emblema de Colombia. Desde allí, durante 9 años Santos fue su representante en la Organización Internacional del Café en Londres. Pasó luego a desempeñarse como Ministro de Comercio Exterior nombrado por el Presidente César Gaviria en 1991, mientras que al final del mandato de Andrés Pastrana, en el año 2000, es designado Ministro de Hacienda y Crédito Público. En julio de 2006 dejará de actuar en el ámbito de su reconocida profesión, la economía, al ser nombrado por Uribe como Ministro de Defensa Nacional. A mi entender, la oligarquía santafereña, como la denomina Chávez, tiene en él su candidato predilecto a suceder a Álvaro Uribe para el próximo cuatrienio y le están abriendo el camino poniéndole la aureola de ser el gestor del fin de la guerrilla, que ha sido el sueño colectivo de las grandes mayorías. Uribe ya cumplió su papel de “vaquero fascista”, como aparentemente lo calificaba el mediador suizo Henri Gontard y el secretario de la ONU (supuestamente Kofi Annan) quien “por sus posiciones guerreristas lo considera prepotente e ignorante, ordinario finquero o vaquero”, de acuerdo a lo probablemente dicho por el propio Gontard… Mientras que Santos, perteneciente a la élite oligárquica de este país, tiene buenos modales, a diferencia de Uribe, que nunca ha sido aceptado en su círculo bogotano. Es que la época dorada de los ricos emergentes surgidos del narcotráfico, con los cuales el padre de Álvaro Uribe se codeaba y que, según Fernando Garavito y otros, era testaferro de Pablo Escobar además de ser socio de reconocidos amigos suyos caballistas y narcotraficantes como los Ochoa, ya terminó. Esos narcotraficantes y su brazo armado, los paramilitares, ya no necesitan ser tolerados por esa oligarquía tradicional y no requieren – al contrario, les incomoda, un presidente surgido de esa clase social -. Son, en la hora de ahora, una amenaza para su poder hegemónico. Molestan, porque compiten con su santuario de poder político y económico y la oligarquía vernácula necesita retornar a su cómodo lugar de clase dominante absoluta que ha ostentado desde la época de la Independencia y que mantendría plenamente con Juan Manuel Santos. Es cierto que en la deleznable opinión pública Uribe anda hoy por el curubito, pero esa opinión pública no es propia, ni autónoma, depende de la orientación que le den los medios de comunicación. No hay que olvidar que Fujimori estuvo rondando los mismos porcentajes delirantes de popularidad después del rescate de los rehenes en la Embajada del Japón en Lima, éxito que fue flor de un día. ¿Y qué de los Estados Unidos a quienes Uribe ha servido con rodilla hincada en tierra y cohibida y sumisa sonrisa? Pues es ahí donde tiene el punto más débil, ya que existe una ley de la cual no conozco excepción, y es que todo vasallo al servicio de los Estados Unidos ha terminado siendo indefectiblemente eliminado por ellos. Así le sucedió a Fujimori, a Pinochet, a Hussein, a Noriega, etc., etc., etc. ¿A quién de ellos no? Es una norma “impajaritable” que se ha repetido y seguirá repitiéndose. El problema del momento no es la reelección de Uribe sino quién será su sucesor. Y que Chávez se cuide, porque sus cambios de apelativos a Uribe, que pasaron de calificar al presidente colombiano de mafioso para transformarlo en su “hermano”, lo convierten en Rey de Burlas ante una oligarquía que seguramente respeta más a quien tiene coherencia que a quien le rinde pleitesía por supuesta conveniencia. Lo digo, no desde el campo del adversario, sino desde el rincón del consejo amigable.

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