El Marxismo y la cuestión del poder

Mario Roberto Santucho

A) ALGUNAS TESIS GENERALES SOBRE EL PROBLEMA DE PODER Y LUCHA ARMADA
Comencemos por el principio: ¿cuáles son los requisitos generales que todo marxista revolucionario debe exigir cuando se consideran los problemas de la estrategia de poder y de lucha armada?
1) En primer lugar debemos hacer un análisis de la situación económica capitalista mundial y de la lucha revolucionaria internacional, teniendo en cuenta que la revolución socialista es internacional por su contenido y nacional por su forma. Debemos pasar luego a efectuar un análisis de la situación económica y de la lucha revolucionaria en la región NI el país, tornando en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas que nos permitirá tener un primer criterio para establecer las posibilidades de tina “verdadera” revolución (si el capitalismo aún puede desarrollar o no las fuerzas productivas), la existencia o no de clases revolucionarias, la relación entre la superestructura política NI la estructura social, el desarrollo desigual de la economía NI las fuerzas revolucionarias país a país, región a región, etc; N, las posibles combinaciones concretas de factores tanto económicos como políticos, etc.
Este análisis nos permite establecer: a) las posibilidades de desarrollo de la revolución y su ritmo desigual en las distintas regiones del mundo y en el país, b) cuál es la clase revolucionaria y sus posibles aliados, e) cuál es la combinación específica de tareas N, consignas de la revolución en sus distintas etapas (tareas democráticas, socialistas, nacionalistas, etc.) para cada región y país.
2) En segundo lugar debemos hacer un análisis de la relación de fuerzas entre las clases. Debemos ver el grado de organización y cohesión de las fuerzas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad y nivel de su Estado, el desarrollo de la técnica militar Y el ejército, sus contradicciones internas, tanto en el orden nacional como internacional. Debernos ver también el grado de organización NI fuerza de las clases revolucionarias, su experiencia y conciencia revolucionaria si han logrado construir un sólido partido revolucionario, si han logrado desarrollar tina fuerza militar N, las características de esta fuerza (si es poderosa o débil, etc.). Este segundo aspecto -respecto al cual en general hemos tenido una actitud superfi en combinación con el primero nos permitirá establecer: a) la dinámica futura de la lucha revolucionaria (si será corta o prolongada, si será una guerra nacional o civil o una combinación de ambas, las características que adquirirá la lucha en cada período de acuerdo a las formas específicas de lucha de cada clase y a la relación de fuerzas existente). Es muy importante este análisis ya que de él dependen las tareas y la política que nos demos en cada etapa y nos permite establecer las características de ésta y su estrategia (defensiva u ofensiva, de lucha armada parcial o generalizada, etc.) teniendo en cuenta no sólo las necesidades de la etapa actual, sino la preparación de nuestras fuerzas para la que le sigue; b) las condiciones concretas para la victoria de la revolución que varían de país a país y difieren en cada época histórica.
Resumiendo para establecer las bases de una estrategia de poder debemos considerar las condiciones que abarcan la situación económica, política y militar de conjunto: en el mundo, en el continente, en la región y en el país. Del estudio de la situación de conjunto podemos formarnos tina idea clara de las etapas y fases de la guerra revolucionaria, de las tareas principales y secundarias en cada etapa, de su duración aproximada, de sus características políticas y militares y de la forma y condiciones en que se producirá la toma del poder por la revolución. Todo este conjunto es lo que denominamos estrategia de poder político y militar.
Sin tina apreciación justa de la situación de conjunto -estratégica-, y de las varias fases o etapas que la componen, el partido procederá a ciegas y no podrá dirigir a las masas a la victoria de la revolución. Permanecerá atado a la empiria de lo inmediato, en la convicción de que el éxito estratégico de la revolución es la mera suma aritmética de éxitos parciales tácticos; sin tener en cuenta el factor determinante del resultado de la guerra revolucionaria: la atención que se debe prestar al conjunto de la situación, incluyendo las diversas etapas. Porque la comprensión del conjunto nos facilita el manejo de las partes integrantes del todo, siendo la única posibilidad de no perderse en la visión meramente táctica de las etapas y caer en el aventurerismo o en el oportunismo.
Pasemos ahora al segundo punto de la cuestión: una vez establecida nuestra estrategia, nuestra visión del conjunto de la situación y de las distintas etapas y fases, parciales, se nos planteará el problema de las distintas formas de lucha y de la táctica militar, adecuadas a cada etapa y vinculadas con la estrategia.
Veamos también algunas tesis generales del marxismo para encarar estos problemas:
a) el marxismo revolucionario, a diferencia de todas las otras tendencias políticas, toma en consideración todas las formas de lucha de clases revolucionarias, sin desechar a ninguna. (Los sindicalistas toman solamente la huelga económica aún con la aplicación de “métodos contundentes”, los reformistas la lucha legal y parlamentaria, los anarquistas -por lo menos en la época en que existían, el terrorismo, etc.). No las “inventa”, las toma del curso general de la lucha revolucionaria “generalizando, organizando e infundiendo conciencia” (Lenin: “La guerra de guerrillas”); b) el marxismo exige que enfoquemos las formas de lucha de acuerdo a las condiciones históricas concretas de la etapa en que vive la revolución y de acuerdo a esas condiciones, determina cuales son las fundamentales y cuales las accesorias (por el.,- en un sentido general: en épocas de auge Y estabilidad del régimen burgués pueden considerarse como formas fundamentales el parlamentarismo y el sindicalismo en épocas de crisis del régimen burgués, la lucha armada y la insurrección cte.), correspondiendo al partido revolucionarlo orientar y dirigir a las masas a las formas de lucha mas convenientes de acuerdo a la estrategia general del poder y a las características de la etapa; c) el marxismo no se limita a las formas de lucha posibles Y existentes en un momento dado, va que reconoce la inevitable necesidad de formas nuevas de lucha al cambiar las condiciones históricas. Y tomando en cuenta el desarrollo desigual y combinado de la revolución, reconoce que en muchas ocasiones, las formas de lucha necesarias para enfrentar un nuevo período, son tomadas con cierto retraso por las masas debido al peso de inercia de la etapa anterior. La misión del revolucionario entonces, es tratar de difundir y organizar a las masas en las formas de lucha más adecuadas a cada etapa de la revolución.
Sin olvidar, ni por un instante, todos los aspectos mencionados, debemos señalar otro aspecto, que se supedita a la estrategia de poder y a las formas de lucha más convenientes para cada período y que tanto Lenin como Engels “se cansaron de repetir, esforzándose en llevarlo a la comprensión de los marxistas”: “La táctica militar depende del nivel de la técnica militar”. Lenin nos explica prácticamente la aplicación de este principio al señalar: “La técnica militar no es hoy la misma que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revólver” (todas estas citas son de “Enseñanzas de la insurrección de Moscú”). El partido entonces, también debe desempeñar un papel dirigente para desarrollar las modernas tácticas militares, derivadas del nivel de la técnica militar.
B) EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA ESTRATEGIA DE PODER Y LUCHA ARMADA EN EL MARXISMO REVOLUCIONARIO
Enunciados ya los principios generales a tener en cuenta para encarar el estudio de la estrategia de poder y de lucha armada, intentemos hacer una reseña histórica que nos permita ver cómo resolvieron estos problemas, en las condiciones concretas de su tiempo y sus países, los grandes dirigentes y teóricos del marxismo revolucionario
MARX Y ENGELS
Establecieron tina estrategia para la torna del poder por la clase obrera, basada en las condiciones de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica militar propia de la Europa del siglo pasado. Debemos distinguir dos períodos: sus concepciones hasta 1895 y a la concepción de Engels a partir de 1895. Hasta 1895, para Marx y Engels el problema consistía en que el proletariado, en tina acción insurreccional, rápida y violenta, en la que arrastrara tras de sí a las capas intermedias de las grandes ciudades, se adueñara de las calles mediante la lucha de barricadas. El fin que se perseguía mediante esta lucha, no era obtener tina “victoria como el combate entre dos ejércitos”, lo que sería, según Engels “una de las mayores rarezas” (del “Prólogo a la Lucha de clases en Francia de 1848 a 1850”. Engels, 1895) sino hacer “flaquear a las tropas mediante factores morales, que en la lucha entre los ejércitos entre dos países beligerantes no entran nunca en juego, o entran en un grado mucho menor. Si se consigue este objetivo, la tropa no responde, o los que la mandan pierden la cabeza; y la insurrección vence. Si no se consigue, incluso cuando las tropas sean inferiores en número, se impone la ventaja del mejor armamento y de la instrucción, de la unidad de la dirección, del empleo de las fuerzas con arreglo a un plan y de la disciplina”.
Ellos habían estructurado esta estrategia tomando en cuenta las siguientes consideraciones: 1) el carácter casi exclusivamente obrero y urbano de la revolución, 2) la agrupación de la totalidad de las capas intermedias en torno al proletariado y la juventud y pujanza del socialismo que era identificado con los más románticos ideales del liberalismo, 3) la debilidad de las fuerzas militares y el armamento de la burguesía. (En su época no existía el imperialismo).
Cuando en 1895, Engels hace el balance de las grandes revoluciones obreras habidas en el siglo, hace un replanteo de esta estrategia a la luz de los siguientes cambios producidos -desde que él y Marx la elaboraron hasta este momento-: 1) ya en 1849 “la burguesía se había colocado en todas partes al lado de los gobiernos”; además “una insurrección con la que simpaticen todas las capas de¡ pueblo se da ya difícilmente; en la lucha de clases, probablemente ya nunca se agruparán la capas medias en torno al proletariado de un modo tan exclusivo que el partido de la reacción que se congrega en torno a la burguesía, constituya, en comparación con aquellas, una minoría insignificante. El ‘pueblo’ aparecerá, pues, siempre dividido, con lo que faltará tina formidable palanca, que en 1848 fue de tina eficacia extrema por último la barricada había perdido SU encanto; el soldado ya no veía detrás de ella al pueblo, sino a rebeldes, a agitadores, a saqueadores a partidarios de] reparto, la hez de la sociedad”; 2) el crecimiento de los ejércitos y la preparación especial para la lucha contrarrevolucionaria; 3) el desarrollo de los ferrocarriles que otorgaban capacidad de grandes concentraciones militares en poco tiempo; 4) la aparición del fusil a repetición muy superior a las escopetas de caza, incluso “a las carabinas de lujo de las armerías” y el nuevo trazado de las calles, largas rectas y anchas, como de encargo para la eficacia de los nuevos cañones y fusiles”. La conclusión que saca Engels de su propio análisis es la siguiente: “La época de los ataques por sorpresa, de las revoluciones hechas por pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes, ha pasado. Allí donde se trate de tina transformación completa de la organización social, tienen que intervenir directamente las masas, tienen que haber comprendido ya por sí mismas de qué se trata, porque dan su sangre y su vida”. “Por tanto, tina futura lucha de calles sólo podrá vencer si la desventaja de la situación (se refiere a los puntos más arriba enumerados se compensa por otros factores. Por eso se producirá con menos frecuencia en los comienzos de una gran revolución, que en el transcurso ulterior de ésta y deberá emprenderse con fuerzas más considerables y estas deberán, indudablemente ( … ), preferir el ataque abierto a la táctica pasiva de barricadas” (los destacados son nuestros).
Consecuente con este análisis, Engels preconiza la importancia de que la social-democracia europea aproveche la posibilidad de crecimiento que le otorga la legalidad, “la utilización del sufragio universal”, va que “los socialistas van dándose cada vez más cuenta de que no hay para ellos victoria duradera posible a menos que ganen de antemano a la gran masa del pueblo, lo que aquí equivale a decir, los campesinos. El trabajo lento de propaganda y la actuación parlamentaria se han reconocido también aquí (en Francia) como la tarea inmediata del partido”.
La dirección oportunista de la social -democracia alemana, aprovechó este trabajo de Engels, al que incluso publicó en forma fragmentaria y desfigurada, “escogiendo todo lo que podía servirle para defender una táctica de paz a ultranza y contraria a la violencia” (carta de Engels a P. Lafargue, del 3 de abril de 1895). No decimos que el trabajo de Engels haya provocado la degeneración reformista de la social-democracia europea; esta degeneración se produjo por causas sociales, pero apoyándose entre otras cosas en él, la social-democracia alemana desarrolló toda su concepción parlamentaria y reformista.
LENIN
Contra el reformismo de la social -democracia, elaboró para las condiciones concretas de Rusia una nueva estrategia de poder, que si bien tomaba elementos de la concepción clásica, difería fundamentalmente de ésta en varios aspectos. Continúa la concepción clásica de poder al considerar que en condiciones concretas de Rusia, la toma de poder se produciría mediante una insurrección general, de carácter obrero y urbano, en la cual la clase obrera acaudillaría al campesino que se encontraba desarrollando su propia revolución agraria, y en forma similar a las grandes revoluciones europeas del siglo anterior, ganaría sectores amplios del ejército zarista y con las armas y soldados ganados a éste, instauraría el poder revolucionario.
Pero Lenin introduce varios elementos nuevos en la concepción de la insurrección:
1) La victoria de la Revolución no se producirá como consecuencia de una acción insurreccionar rápida, sino que será el resultado de una guerra civil prolongada. Ante la apreciación de Kautsky: la futura revolución … se parecerá menos a una insurrección por sorpresa contra el gobierno que una guerra civil prolongada”, Lenin responde: “En efecto, así sucedió! Así sucederá también en la futura revolución europea!” Lenin Informe sobre la Revolución de 1905, 9-1-17) ¿Qué característica tendría para Lenin esta guerra civil prolongada? En su trabajo “La guerra de guerrillas” escrito en 1906 lo explica del siguiente modo: “Las formas de lucha de la revolución rusa se distinguen por su gigantesca variedad en comparación con de las revoluciones burguesas de Europa. Esto ya lo había previsto en parte Kautsky, cuando dijo en 1902, que la futura revolución (a lo que añadía: tal vez con excepción de Rusia) sería no tanto la lucha del pueblo contra el gobierno, como la lucha entre dos partes del pueblo. No cabe duda de que en Rusia nos encontramos con un desarrollo más extenso de esta segunda lucha que en las revoluciones burguesas occidentales “Es completamente natural e inevitable que la insurrección revista las formas más altas y complicadas de una larga guerra civil extensiva a todo el país, es decir, de una lucha armada entre dos partes del pueblo. Esta guerra no podemos concebirla más que como una larga serie de grandes batallas separadas unas de otras por períodos de tiempo relativamente largos, y una gran cantidad de pequeños encuentros librados a lo largo de estos intervalos. Y siendo esto así -como así es, indudablemente- la social-democracia debe indefectiblemente plantearse como tarea la creación de organizaciones capaces de dirigir en el mayor grado posible a las masas, tanto en las grandes batallas como, dentro de lo posible, en los pequeños encuentros”.
Lenin consideraba que la insurrección triunfaría después de tina guerra civil prolongada, porque sostenía que el proletariado partía de tina situación de debilidad, frente a un poder estatal fuerte y poderosamente organizado. Que en el curso de la guerra civil prolongada el proletariado iría adquiriendo fuerza y experiencia, iría formando un partido fuerte, templado en la acción, clandestino y centralizado, y a la vez, un ejército revolucionario templado tanto en las “grandes batallas” de las épocas de auge revolucionario, como en la “gran cantidad de pequeños encuentros” (guerra de guerrillas) librados en los largos períodos de retroceso revolucionario.
Cuando el proletariado hubiera adquirido la suficiente experiencia, creado su partido fuerte y templado y su ejército revolucionario; cuando la burguesía se hubiera descompuesto suficientemente, principalmente su ejército y se hubiera enajenado el apoyo de las capas intermedias; recién entonces la insurrección triunfaría.
Para Lenin, entonces la revolución era una espiral ascendente, con ascensos revolucionarios, descensos provocados por los fracasos, pero en los cuales las clases revolucionarias conservaban un nivel superior de experiencia y organización que las colocaba en un escalón superior para el nuevo ascenso. Esta espiral sólo podía cortarse si la burguesía lograba resolver los problemas de desarrollo de las fuerzas productivas.
2) Lenin, juntamente con Trotsky determinan las condiciones generales para el triunfo de la revolución en Rusia (extensibles en general, a la Europa de su tiempo). Estas eran las siguientes. Primera: “La incapacidad de¡ régimen social existente para resolver los problemas fundamentales del desarrollo de un país (Trotsky. Historia de la Rev. Rusa. T 11). Segunda: La existencia de “una clase capaz de tomar las riendas de la nación para resolver los problemas planteados por la historia” (ídem). Esta clase, el proletariado, sería “capaz” de tomar las riendas de la nación cuando tuviera una “nueva conciencia política” (revolucionaria), hubiera creado un partido y un ejército revolucionario y organismos de poder dual. Tercera: “el descontento de las capas intermedias” N, 11 su inclinación a sostener la iniciativa audazmente revolucionaria del proletariado” (ídem). Cuarta: “el partido revolucionario, como vanguardia sólidamente unida y templada de la clase” (Idem). Quinta: la combinación del partido con los soviets o con otras organizaciones de masas que de un modo u otro los equivalgan” (ídem); y Sexta: la existencia de un ejército revolucionario ya que, sin ese ejército la victoria de la insurrección es imposible” (Lenin: “La última palabra de la táctica Iskrista”)
3) Podemos decir que los elementos tácticos de fundamental importancia que Lenin agrega a la concepción clásica (tácticos porque son subordinados a la estrategia de guerra civil prolongada) son los siguientes: a) el ya conocido planteo de la necesidad de un fuerte partido centralizado, clandestino y dirigido por profesionales, b) que la lucha armada se libra en todas las etapas, tanto en las “grandes batallas”, como en las épocas de retroceso bajo la forma de “una gran cantidad de pequeños encuentros” (denominados por Lenin, guerra de guerrillas), e) la necesidad para la victoria de la revolución, de un ejército revolucionarlo, organizado a partir de la preparación militar del propio partido y la creación de destacamentos armados del proletariado (para lo cual el partido debía llevar una incansable tarea de propaganda, agitación y organización), que irían haciendo su experiencia militar en múltiples 11 acciones guerrilleras”, en el “proceso difícil, complejo y largo de la guerra civil prolongada” y que en el alza insurreccional lograrían el armamento del proletariado y el palo a su bando de sectores del ejército reaccionario. Estos destacamentos actuarían bajo la orientación del partido y sus acciones tenderían no sólo a su desarrollo militar, sino al aseguramiento de la actividad partidaria mediante la eliminación física de sus enemigos y el apoyo financiero mediante las expropiaciones, d) el llamado a la insurrección general sólo debía hacerse cuando hayan “madurado las condiciones generales de la revolución”, cuando se “hayan revelado en formas definidas el estímulo y la disposición de las masas a la acción”, cuando las circunstancias exteriores (objetivas) hayan desembocado en una crisis evidente” y cuando existiera un ejército revolucionario fuerte y preparado”.
4) Desde el punto de vista estrictamente militar, Lenin hace un extraordinario aporte táctico. Vimos que Engels había demostrado la imposibilidad de defender posiciones militares, al menos en las primeras etapas de la revolución, cuando el ejército burgués aún no había entrado en tina crisis total. Pero Engels no dio tina solución militar a este problema.
Lenin parte de la conclusión fundamental alcanzada por Engels: “La táctica militar depende de] nivel de la técnica militar” NI lo desarrolla así: “la técnica militar no es hoy la misma que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad oponer la muchedumbre a la artillería y defender las barricadas a tiro de revólver. Kautsky tenía razón al escribir que ya es hora, después de Moscú de revisar las conclusiones de Engels y que Moscú ha hecho surgir “una nueva táctica de barricadas”. Esta táctica era la de la guerra de guerrillas. La organización que dicha táctica imponía eran los destacamentos móviles y extraordinariamente pequeños: grupos de diez, de tres e incluso de dos hombres”. (“Enseñanzas de la insurrección de Moscú”, 29-8-05). Como vemos, Lenin es el descubridor y propulsor de la guerrilla urbana, reemplazando con ella la guerra de posiciones que había tratado de sostener hasta entonces el proletariado contra ejércitos superiores en armamento y organización.
Cuando se dan el cúmulo de condiciones y situaciones previstas por Lenin, la revolución triunfa. Posteriormente a ese triunfo se organiza el Ejército Rojo y su columna vertebral pasa a ser constituida por el viejo ejército revolucionario (o Guardia Roja) construido por los bolcheviques en el curso de la revolución. La guerra civil y antiimperialista, se produce después de la toma del poder, para responder a la agresión combinada de sectores de la burguesía rusa y el imperialismo.
Toda la concepción estratégica y táctica del leninismo condujo a la clase obrera y al campesino ruso al triunfó se reveló correcta en la práctica, último criterio de verdad para el marxismo, porque partía de una caracterización justa de la dinámica de la revolución y del nivel de la técnica militar de su época.
Lenin estableció con precisión cuál era la clase de vanguardia en la sociedad rusa: el proletariado industrial y cuál era su sector de vanguardia: el proletariado de Petrogrado, Riga y Varsovia; cuál su aliado fundamental: el campesino y cuál la forma de destruir el ejército de la burguesía: el trabajo político sobre su amplia base de soldados obreros y campesinos, combinados con enfrentamientos directos, con una “guerra de guerrillas” llevada a cabo por los destacamentos armados del proletariado, en el curso de la cual se construyó el ejército revolucionario que fue la “fuerza material” que aseguró la victorias de la revolución.
Toda esta concepción se ajustaba como un guante a las condiciones de Rusia, país agrario de desarrollo capitalista, con un gobierno autocrático que arrojaba amplios sectores de las clases medias en brazos del proletariado, con un ejército desgastado en años de guerra Inter-imperialistas, cuya base estaba constituida por soldados obreros y campesinos sedientos de “pan, paz y tierra” y en una época en que la revolución tenía que vérselas fundamentalmente con sus enemigos nacionales y con su ejército, cuyo armamento y técnica eran acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales, ya que las contradicciones interimperialistas impedían la existencia de un gendarme de la contrarrevolución mundial.
TROTSKYSMO
Nuestro movimiento surge luchando por mantener vivas las concepciones revolucionarias del marxismo-leninismo, en la etapa de degeneración del marxismo bajo la égida del stalinismo y de aplastamiento de la revolución europea.
Su programa para esta última, y para la lucha contra el fascismo fue esencialmente correcto; pero la liquidación física de sus mejores cuadros por la represión fascista y stalinista, debilitó hasta la agonía las posibilidades de vinculación del programa correcto con las masas: la organización revolucionaria.
Nuestro Programa de Transición es muy cauto en el desarrollo de los problemas estratégicos de poder, y los resuelve planteando que “es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas” por un lado y desarrollando del modo más perfecto logrado hasta el presente por el marxismo, las tareas transitorias del proletariado, entre ellas la creación de destacamentos armados y milicias obreras, como embriones del futuro ejército proletario.
En donde se torna evidente la ausencia de una clara estrategia de poder de nuestro movimiento, es en los países atrasados; donde la revolución tiene un carácter agrario y antimperialista. Nuestro Programa Transitorio resuelve el problema dando las consignas esencialmente correctas: revolución agraria, independencia nacional, asamblea nacional; pero yerra en la apreciación de cuáles son las formas de lucha adecuadas y las etapas futuras de la revolución. Es decir: subestima el papel del campesinado, ignora el papel de la guerra de guerrillas como método de construcción del ejército revolucionario en el campo, y no plantea el carácter de guerra revolucionaria civil y nacional -de carácter prolongado- que tendría la revolución en los países agrarios, coloniales o semicoloniales.
Lo que es fundamental es que nuestro movimiento reivindicó siempre la lucha armada, la necesidad de armar al proletariado y de crear nuevos organismos armados de la clase obrera; a diferencia de algunos de sus actuales epígonos que consideran ultraizquierdista todo intento de organizar y preparar nuevos organismos armados en el seno de la clase obrera con lo cual se colocan varios pasos atrás de la vieja concepción socialdemócrata. Veamos pues cómo se plantea el armamento del proletariado y la creación de los organismos armados en el programa de transición: los demócratas pequeñoburgueses -Incluso los socialdemócratas, los socialistas y los anarquistas- gritan más estentóreamente acerca de la lucha contra el fascismo cuanto más cobardemente capitulan ante el mismo. Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sientan tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, si no en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelga son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos”.
“En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándolas en el manejo de armas”. “La nueva ola del movimiento de masas no sólo debe servir para aumentar el número de esas milicias, sino también para unificarlas por barrios, ciudades o regiones. Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de los pistoleros y fascistas. Es preciso lanzar la consigna de la milicia obrera, como única garantía seria de la inviolabilidad de las organizaciones, de las reuniones y de la prensa obrera”. “Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable, valiente en la agitación y la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad; educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores; infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución; aumentar la confianza en sí mismos de los explotados; desacreditar el fascismo a los ojos de la pequeña burguesía y despejar el camino para la conquista del poder para el proletariado”. (los destacados son nuestros).
Como vemos, si bien nuestro movimiento no tuvo una estrategia de poder clara y precisa; es un hecho Irrefutable que el Programa de Transición plantea la exigencia, con fines de autodefensa y como embriones del futuro ejército del proletariado, de creación de los destacamentos armados del proletariado.
MAOISMO
Mao elabora su estrategia de poder a partir de una caracterización de la revolución china y de su vanguardia. Señala las siguientes características de su revolución: 1) China es “un vasto país semicolonial, desigualmente desarrollado en lo político y en lo económico y que ha pasado por una gran revolución”. 2) “La revolución agraria”. De estas dos características, Mao extrae la conclusión siguiente: luego de la derrota de la revolución obrera y urbana y de resultas de la cual surgió el Ejército Rojo, producto de una división del Ejército nacional revolucionario (Ejército del Kuornintang, partido de la burguesía antifeudal china); el partido y el ejército rojo, deben aprovechar el desarrollo desigual de China y la vastedad de su territorio, dedicándose a establecer “bases” revolucionarias en los territorios más alejados, sin vías de comunicación, más inaccesibles para los ejércitos reaccionarios. Desde estas “bases” organizar el poder revolucionario apoyándose en la revolución agraria y desarrollar el ejército rojo hasta que este fuera lo suficientemente fuerte como para “cercar a las ciudades con las fuerzas del campo”. Según Mao esto era posible, porque “China ha pasado por una gran revolución (1925-27) que ha echado las bases del Ejército Rojo, del partido comunista chino que dirige al Ejército Rojo y de las masas que han participado en la revolución”. 3) La tercera característica es “el gran poderío del enemigo 4) La cuarta es que el ejército rojo es débil y pequeño. De estas dos características Mao sacaba la conclusión de Lenin: la revolución será una guerra prolongada. La forma concreta sería la de “contracampaña a las campañas de cerco y aniquilamiento del ene “Las contracampañas también tendrían las características de cercar y aniquilar a las fuerzas del enemigo”. (Las citas son de Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas”).
Así Mao toma los elementos fundamentales de la estrategia de poder leninista: lucha armada permanente dirigida por el partido, guerra civil prolongada y guerra de guerrillas. Y basado en consideraciones geográfico sociales (existencia en China de regiones inaccesibles para el ejército reaccionario y carácter agrario de la revolución), y técnico-militares (imposibilidad de enfrentar un ejército fuerte, poderosamente armado, en las ciudades y en la guerra de posiciones), traslada el eje de estas concepciones -la revolución obrera y urbana- a la revolución agraria y campesina.
Su concepción de la “guerra prolongada”, que en Lenin era una espiral ascendente, con alzas de¡ proletariado urbano, retrocesos que lo colocan en un escalón superior para una nueva alza, puede representarse con una línea zigzagueante y quebrada, también ascendente. El Ejército Rojo iría creciendo cuantitativamente en “mil batallas tácticas”, libradas contra el enemigo, avanzaría en forma zigzagueante para ir directamente a su objetivo, su crecimiento se daría en forma relativamente independiente a las alzas y bajas de¡ proletariado y el campesinado (aunque estas influyeran en su fortificación). Durante la primera etapa de la guerra civil revolucionaria, que se extiende de 1928 hasta 1936, año en que se produce la intervención de¡ imperialismo japonés, Mao da gran importancia a las luchas del proletariado urbano, aunque siempre, claro está, subordinadas a la estrategia de construcción del Ejército Rojo en la guerra civil prolongada, de guerrillas y campesinas; luego, al producirse la intervención del imperialismo japonés, Mao da menor importancia a las posibilidades de un levantamiento armado del proletariado urbano, -controlado y diezmado por la ocupación japonesa en las grandes ciudades- y las subordina a que el ejército campesino tenga suficiente fuerza como para cercar las ciudades.
Para Mao las condiciones generales de la victoria de la revolución, analizadas por Lenin y Trotsky para Rusia, varían fundamentalmente para China. Por empezar, la revolución china se encuentra en una situación distinta: 1) debe luchar contra un ejército imperialista de ocupación (el japonés), antes de que la revolución haya tomado el poder; 2) el ejército revolucionario tiene un carácter distinto de la Guardia Roja de Rusia, tanto en su aspecto organizativo técnico como en su forma de combatir (guerra de movimientos y guerrilla campesina) aunque también se apoyó en soviets obreros y campesinos; 4) las características de clase de la revolución son distintas.
De allí que Mao estime necesarias otras condiciones para la expulsión del ejército japonés y el triunfo de la revolución, a saber: Primera: la creación de un frente único antiJaponés en China. Segunda: la formación de un frente único antijaponés internacional. Tercera: el ascenso del movimiento revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas. Cuarta: crecimiento de las bases revolucionarias y del ejército rojo hasta que sea posible de derrotar al ejército japonés y al ejército de la gran burguesía china y después, rodear a las ciudades con el ejercito campesino y tomarlas, llamando a la insurrección. (Mao: “La guerra prolongada”).
Tanto Mao como los vietnamitas distinguen cuidadosamente como lo hiciera Lenin, lucha armada de insurrección general. El PC vietnamita y el Viet Minh, por ejemplo, se opusieron durante los seis años que duró la guerra de guerrillas antijaponesa (1939-1945), a las tendencias que urgían a un llamado a la insurrección general del pueblo por considerarla una posición aventurera. Recién en Agosto de 1945, cuando se había desarrollado un poderoso ejército revolucionario después de 6 años de guerra, los japoneses se habían retirado y los ejércitos de Chiang amenazaban con pasar las fronteras en alianza con las débiles fuerzas expedicionarias del imperialismo francés; recién entonces, Ho Chi-Minh hace el llamado a la Insurrección general y la insurrección triunfa.
VALORACION DEL TROTSKYSMO Y MAOISMO
Aunque no contamos con el tiempo suficiente para la exposición ordenada y fundamentada que es necesaria y que desde ya prometemos, nos resulta imprescindible adelantar nuestra valoración del trotskysmo y el maoísmo -que es notoriamente distinta a la sostenida por Trotsky y todo el trotskysmo, como así a la valoración de Mao- para hacer comprensible una cantidad de referencias contenidas en este trabajo.
Para nosotros desde la muerte de Lenin y posterior consolidación del stalinismo, no hubo una sola corriente que mantuvo vivas las tradiciones y concepciones marxistas-leninistas, sino dos. No fue sólo Trotsky y el trotskysmo quien conservó N, desarrolló el marxismo revolucionario frente a la degeneración stalinista, como tradicionalmente se ha afirmado en nuestro partido y en nuestra Internacional. Similar rol jugó Mao Tsé Tung y el maoísmo. Con tina particularidad; ninguno de los dos se elevó a una comprensión, aplicación y desarrollo del conjunto del leninismo, sino que cada uno lo hizo con respecto a una parte, en forma parcial, incompleta.
Trotsky y el trotskysmo desarrollaron la teoría de la revolución permanente llegando a una comprensión más acabada de la complejidad y dinámica de los procesos sociales, entendiéndolos siempre como proceso de conjunto y analizándolos desde un punto de vista general.
No es casual que todo el trotskysmo, desde el punto de vista de una perspectiva general de la lucha de clases de conjunto, a nivel mundial y continental, ha llegado a importantes aciertos y conclusiones, ampliando de esa forma la visión de los revolucionarios.
Trotsky y el trotskysmo aportaron también al marxismo -creadoramente- su análisis de la burocracia soviética y a partir de él una ajustada teoría del carácter y rol de los aparatos burocráticos.
Mao y el maoísmo continuaron el leninismo en la teoría y la práctica de la toma del poder, que no es otra cosa que la aplicación del marxismo revolucionario a la situación de un determinado país en la perspectiva del poder obrero; el “análisis concreto de situaciones concretas” que Lenin definió como “el alma viva del marxismo”, la aplicación creadora de la teoría revolucionaria a la realidad concreta de una revolución ampliamente estudiada, conocida y protagonizada. Como dice el propio Mao, la fusión de la verdad general del marxismo con la práctica concreta de la revolución china”.
Mao y el maoísmo continuaron y desarrollaron el marxismo-leninismo, creadoramente, con la teoría de la guerra revolucionaria popular, de la necesidad de un ejército revolucionario para derrotar al ejército contrarrevolucionario, de la construcción de ese ejército en el campo, en un proceso prolongado, donde las fuerzas revolucionarias parten de lo pequeño hacia lo grande, de lo débil hacia lo fuerte, mientras las fuerzas reaccionarias van de lo grande a lo pequeño, de lo fuerte a lo débil, y donde se produce el salto cualitativo de la insurrección general, cuando las fuerzas revolucionarias han pasado a ser más fuertes.
Ambos, el trotskysmo y el maoísmo se ignoraron mutuamente. Es más, algunos trotskystas siguen considerando al maoísmo parte del stalinismo y en consecuencia como corriente contrarrevolucionaria; y el maoísmo a su vez, sigue considerando al trotskysmo como una corriente provocadora agente del capitalismo y del imperialismo. Hoy, la tarea teórica principal de los marxistas revolucionarios, es fusionar los aportes del trotskysmo y el maoísmo en una unidad superior que significará un retorno pleno al leninismo. El desarrollo de la revolución mundial lleva inevitablemente a ese logro, como lo indican los avances unilaterales del maoísmo hacia la asimilación del trotskismo (ruptura con la burocracia soviética, revolución cultural); los avances del trotskysmo hacia una incorporación de los aportes maoístas (teoría de la guerra revolucionaria) y sobre todo los esfuerzos de la dirección cubana por llegar a esa unidad superior.
CASTRISMO
En los últimos tiempos, anda muy en boga en nuestro partido, la afirmación -que tiene un fuerte tufito a demagogia u oportunismo- de “nuestro acuerdo estratégico con el castrismo”. Pero ocurre que aún no hemos precisado con claridad cuál es la “estrategia del castrismo”, más bien se ha hecho un lindo embrollo considerando aspectos tácticos como si fueran los fundamentales (nuestras “críticas” a la teoría del foco) y pretendiendo demostrar -sin el menor análisis serio y con una pedantería propia de intelectuales pequeñoburgueses- que el “castrismo” era un “movimiento empírico” que se está “elevando” a nuestras concepciones.
En realidad, el castrismo, sin la claridad teórica y la pureza de “método” de los grandes marxistas revolucionarios del pasado -pero con muchísima más que nuestros teóricos- desde hace años ha venido desarrollando una clara estrategia mundial y continental para la lucha revolucionaria, que aún no ha sido discutida y asimilada seriamente por nuestro partido. En forma de breves tesis trataremos de resumir sus aspectos fundamentales estratégicos y tácticos.
1) Para el castrismo (no hacemos distinción alguna entre castrismo y guevarismo, porque la distinción es falsa), la revolución ha entrado en su 11 etapa final de lucha contra el imperialismo”. El Castrismo parte de un análisis mundial de conjunto y responde con tina estrategia mundial revolucionaria: “Hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo” (Che Guevara: Mensaje a la Tricontinental).
Así, el castrismo parte del hecho verdaderamente nuevo que se produce en la posguerra: las contradicciones inter-imperialistas se han tornado secundarias. Hoy, los revolucionarios no podemos contar ya con las guerras inter imperialistas como importante factor para la victoria de la revolución que tanto favoreciera a las revoluciones chinas, rusa y de Europa oriental. Por lo tanto se ha tornado muy difícil el triunfo de la revolución en un país por separado: hoy el imperialismo “hay que batirlo en una gran confrontación mundial”.
2) La táctica que responde a esta estrategia mundial es la creación de “dos, tres, muchos Vietnam Esta consigna es tan clara como el agua y sin embargo no ha sido aún asimilada medianamente.
¿Por qué el Che dice dos, tres, muchos Vietnam, y no dos, tres, muchas Cubas? Porque reconoce la excepcionalidad de la revolución cubana, que no volverá a repetirse. Porque del análisis estratégico, de conjunto de la revolución mundial prevé la inevitable intervención del imperialismo antes de la toma del poder por la revolución; y la transformación de ésta en guerra prolongada antiimperialista, de una o varias naciones ocupadas por el ejercito yanqui: “si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de tropas de los yanquis…” ‘Toco a poco, las armas obsoletas que bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino del Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como juntas de coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa”. “América… tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo”. (Che ídem).
“Sinteticemos así nuestra aspiración de victoria: destrucción de¡ imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los EE.UU. de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno por uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno, liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes”.
“Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria”. (Che ídem).
En esta estrategia mundial de lucha revolucionaria, lo fundamental es la revolución socialista y antiimperialista en los territorios dependientes”, siendo todavía secundario el papel que puedan jugar las masas de las metrópolis imperialistas que, aún no han producido movimientos revolucionarios de significación y que gozan de la relativa estabilidad interior de las metrópolis.
Pero de modo alguno el castrismo ignora el papel que en los próximos años pueden comenzar a jugar los pueblos de las metrópolis imperialistas, en especial Europa. “La tarea de liberación espera aún a países de la vieja
Europa suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo para sus problemas, y por ende la solución de los mismos, es diferente a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente”. (Che ídem).
El castrismo también ha comenzado a prestar atención al movimiento negro de los EE.UU., pero sin sobrestimar sus posibilidades, porque esas sobreestimaciones introducirían un elemento de confusión respecto a las características de la actual etapa de la revolución mundial, que es aún fundamentalmente socialista y antiimperialista en los países dependientes, y lo será por un largo período, a menos que se produzca una catástrofe en la economía capitalista, catástrofe que hoy no está a la vista, o un desarrollo abruptamente acelerado de la revolución colonial. Aún más cautelosa es la posición del castrismo hacia el movimiento pro-paz en EE.UU. Si bien lo alienta permanentemente, no sobrestima sus posibilidades revolucionarias porque introduciría, como toda sobreestimación, otro elemento de confusión en su concepción estratégica.
3) En relación con esta estrategia mundial, el castrismo distingue tres continentes, en los cuales la lucha revolucionaria es una parte táctica de ese todo que es la revolución mundial. Los continentes son Asia, África y América Latina. Para cada uno de ellos, el castrismo define a su vez, una estrategia continental de lucha revolucionaria, pero lo hace en especial para América Latina.
“El campo fundamental de explotación de] imperialismo abarca los tres continentes atrasados, Asia, América y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes en su conjunto, también las presentan.
América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de sus territorios los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta”. (Che ídem).
En primer lugar el castrismo determina el carácter de la revolución latinoamericana: socialista y antiimperialista.
En segundo lugar determina su carácter de clase: campesino, obrero y popular. “Las burguesías autóctonas han perdido toda SU capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman el furgón de cola”. (Che ídem).
En tercer lugar determina el carácter continental de la lucha pero señalando claramente que dentro de esa estrategia continental, debe partirse del desarrollo de las revoluciones nacionales y regionales que si bien son tácticas en relación con la estrategia, constituyen la forma adecuada de comenzar la lucha. Así, cada país y cada región del continente, si bien son partes tácticas del todo, que es la estrategia continental, requieren a su vez una estrategia específica regional y nacional, cuya determinación es propia también de los revolucionarios de cada país y región, aunque por supuesto, en el marco de una organización revolucionaria continental que es la Olas.
Tener una estrategia continental, no significa para el castrismo que la lucha ya haya adquirido dimensiones continentales; eso se logrará cuando la lucha revolucionaria en los países y regiones se desarrolle suficientemente: “Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América, adquirirá en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad por su liberación”.
“En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios” (Che ídem). Así responde el Che por anticipado a las febriscentes interpretaciones de quienes hoy, un poco tarde y bastantes confundidos, descubren que en América Latina se vive “una guerra civil continental “apocalíptica”, etc.; cuando en realidad lo que existen son procesos revolucionarios nacionales, que se inscriben en una estrategia revolucionaria continental, posible gracias a la existencia de una dirección revolucionaria continental.
4) La táctica del castrismo para la estrategia continental, es la misma que para su estrategia mundial: la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo”.
Esta, repetimos, es la tarea esencial de los revolucionarios en cada país y región. “Para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario”. (punto 7 del programa de la Olas). “A los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia adelante la revolución en cada uno de ellos (punto 9). Y, por fin, la solidaridad más efectiva que pueden prestarse los movimientos revolucionarios entre sí, la constituye el desarrollo y la culminación de la propia lucha en el seno de cada país”. (punto 12).
La forma concreta, política y militar, que adquirirá esa táctica revolucionaria continental, es la de una guerra prolongada cuyo principal pilar está constituido por los ejércitos guerrilleros, que deben construirse respetando las condiciones particulares de cada país y región. (“El desarrollo y organización de la lucha dependen de la justa selección del escenario donde librarla y del medio organizativo más idóneo”. Declaración de la Olas).
Esta concepción se opone expresamente a las tendencias espontaneístas, que esperan un “reanimamiento espontáneo” de las clases revolucionarias y el triunfo de la insurrección en un período breve de tiempo.
El Che lo dice expresamente así: “Los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos ni huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruye en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes”.
Por otra parte, la dirección castrista ha avalado los siguientes párrafos de una carta del destacamento “Edgar lbarra” al CC del PC Guatemalteco y al M-13 de Yon Sosa, donde se critica la concepción espontaneísta de la insurrección rápida del siguiente modo: “Toda esta posición, lleva, mediante una hábil maniobra, a quitarle el contenido revolucionario a la guerrilla; a negar su desarrollo hasta convertirse en el ejército del pueblo; a negar el papel del campesinado en la guerra revolucionaria de nuestros países; a negar la necesidad de la derrota militar del imperialismo y sus lacayos para arrebatarles el poder; a negar el carácter de guerra prolongada de la lucha armada y presentar ilusoriamente la perspectiva insurreccional a corto plazo”.
Para el Castrismo, entonces, el método, la táctica fundamental de la lucha, es la construcción del ejercito revolucionario, a partir de la guerrilla. “La guerrilla como embrión de los ejércitos de liberación constituye el método más eficaz para iniciar y desarrollar la lucha revolucionaria en la mayoría de los países”. Pero sin desconocer otras formas de lucha armada, que si bien aún no están especificadas en su programa -quizás porque la realidad aún no nos indica cuáles son-, están implícitamente reconocidas al mencionarse la guerrilla campesina como una de las formas de lucha armada, aunque la principal.
En sus últimas declaraciones y planteos, el castrismo menciona la guerrilla en un sentido más general, que el que le asignaba anteriormente. (Teoría del foco).
Deja así las puertas abiertas al surgimiento de otra, formas de guerra de guerrillas, sin limitarse exclusivamente a la teoría del foco. La discusión alrededor de la teoría del foco, se torna entonces, cada día más secundaria, quedando librado a los revolucionarios de cada país y cada región establecer la forma más conveniente de iniciar la lucha armada y la guerra de guerrillas, siempre, claro está, que se dispongan a iniciarla.
5) Una cuestión que debe señalarse como parte integrante de la concepción revolucionaria del castrismo, es el planteo de la unidad políticomilitar de la dirección revolucionaria.
Esta, si bien no puede ubicarse como una cuestión integrante de la táctica o estrategia del castrismo, es una cuestión de principios muy importante y que también es bastante confundida por algunos “teóricos”.
No se refiere específicamente al viejo problema planteado por el Leninismo-trotskysmo y luego por el Maoísmo, de la relación entre el partido y el ejército. Esa discusión, en las condiciones actuales de América Latina es tan inútil como la vieja discusión del huevo y la gallina. El castrismo se encontró, como dirección revolucionaria ante una realidad objetiva que se le imponía: en América Latina no existen partidos revolucionarios fuertes; crearlos es una tarea que exige, en la época del gendarme mundial del imperialismo, una estrategia política y militar desde el inicio mismo de toda actividad revolucionaria.
La tarea de construcción del partido y construcción de la fuerza militar para los verdaderos revolucionarios, van indisolublemente ligadas. Donde no existen partidos revolucionarios habrá que crearlos como fuerzas militares desde el comienzo. Donde existen y son débiles, habrá que desarrollarlos, pero transformándolos en fuerzas militares de inmediato, para que puedan responder a las exigencias que plantea una estrategia político-militar de poder en esta época.
Para responder a esta necesidad es que el castrismo plantea la unidad político militar de la dirección revolucionaria ya que, en nuestra época la política y el fusil, no pueden ir por separado. Otra cosa distinta es determinar quiénes combaten con las armas en la mano en el seno de una organización revolucionaria y quiénes cumplen otro tipo de funciones. Aun los foquistas más ortodoxos tienen organizaciones donde una mitad combate, y la otra cumple otro tipo de tareas. Este es un problema que debe ser resuelto de acuerdo a la estrategia y la táctica de la lucha que se den los revolucionarios en las condiciones de su país.
Pero la unidad político militar de la dirección, es un principio general aplicable a todas las situaciones y no impone nada más que la exigencia de que la dirección del ejército y la del partido (suponiendo que existan ambos separados) sean una misma cosa. Quienes se oponen a esta concepción, lo hacen porque sostienen ideas reformistas sobre la construcción del partido revolucionario. Tal fue por ejemplo el planteo de la dirección del PC Venezolano, que con tanto entusiasmo apoya Moreno en sus “tesis” publicadas en Estrategia N° 1. Los resultados a que llevó esta concepción están a la vista y pertenecen al dominio de toda la vanguardia revolucionaria Latinoamericana.
6) Una última cuestión merece señalarse. Si bien el castrismo considera que el lugar y método fundamental de construcción del ejército revolucionario es el campo y la guerra de guerrillas, y que sin la existencia de ese ejército es imposible la victoria de la revolución, otorga mayor importancia que el maoísmo a la lucha urbana. En Cuba y en todos los países en donde influye en la dirección de la guerra revolucionaria (Guatemala y Venezuela por ejemplo), el castrismo desarrolló fuertes aparatos armados en las ciudades que combaten tanto como la guerrilla en el campo. En Cuba, además, el castrismo llamó en dos oportunidades al proletariado a la huelga insurreccional, la primera en abril de 1958 con la oposición de Fidel que consideraba prematuro el llamado (y la huelga resultó un fracaso), y la segunda en diciembre de 1958, cuando ya el ejército de Batista se tambaleaba y el ejército rebelde marchaba sobre La Habana (en esta oportunidad la huelga coadyuvó a la caída del régimen).
Tal es, en rasgos generales la estrategia y la táctica mundial, continental y regional del castrismo. De todos sus elementos, el menos importante, el que tiene carácter más táctico, es la teoría de la construcción del ejército a partir del foco. Esta teoría fue desarrollada por el castrismo a partir de su experiencia empírica como método más rápido y práctico de construir el ejército revolucionario. El partido ha perdido años polemizando contra las lagunas y deficiencias de esta teoría, tan secundarias en la concepción general, estratégica y táctica del castrismo.
Enredados en esta polémica mezquina, nosotros, los supergenios del marxismo revolucionario, nos hemos relamido con nuestros triunfos teóricos, ante ese 11 sectario” y “recanicista”, “pequeñoburgués revolucionario” de Guevara (adjetivos utilizados por el Sr. Moreno en sus trabajos de crítica al Guevarismo) pero hasta ahora no hemos indicado prácticamente cuál es el método para suplir esa teoría, cuál es la forma adecuada de iniciar la lucha armada y de comenzar la construcción del ejército revolucionario, que los verdaderos teóricos prácticos del marxismo revolucionarlo (Lenin, Trotsky, Fidel, Mao y el Che) supieron crear, hacer combatir y llevar al triunfo.
Y lo que es más grave, hemos mascullado con un bisbiseo confuso nuestro “acuerdo estratégico” con el castrismo, pero sin definir de un modo claro, preciso, tajante, nuestra posición ante las verdaderas concepciones estratégicas y tácticas del castrismo. Toda esa demagogia vergonzante debe terminar. Sólo tienen derecho a decir que tienen un “acuerdo estratégico” con el castrismo quienes comparten su estrategia y táctica de la revolución mundial y continental, resumidas en los 6 puntos anteriores, y demuestran con su praxis que lo hacen.

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