La guerra y los medios de comunicación en Colombia.

Jesús Inojosa.

La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, quien estuvo retenida por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) durante más de seis años, fue “rescatada” mediante una operación que llevó a cabo el Ejército colombiano encabezado por su máximo jefe, el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. La libertad de la ex candidata colombiana es un hecho que merece celebración, porque como lo han manifestado Fidel Castro y Hugo Chávez -grandes líderes de la izquierda latinoamericana- no se puede someter la libertad de ningún ser humano por una causa política o ideológica. Para estos líderes -y todos los que creemos en la revolución y el socialismo- el espíritu que impulsa a los revolucionarios es la libertad y el amor hacia la humanidad -en el mejor entendido de su concepto- y no existe nada que pueda contrariar este dogma socialista y revolucionario, del amor a lo humano. ¿Qué está mal? Muchos son los que han criticado a las Farc y a la mayoría de los movimientos de liberación que actuaron durante las décadas de los 70 y 80 en América Latina, todo esto auspiciado por el Gobierno estadounidense y detrás de éste, los grandes medios de comunicación que representan y sus súbditos en cada país de esta región. No es de extrañar que, producto de estas campañas mediáticas, los colombianos que están sumergidos en un mundo irreal -como lo calificó el ministro de Comunicación y la Información de Venezuela, Andrés Izarra, en el discurso de cierre de la reunión de ministros de información del Movimiento de Países No Alineados (MNoal)- son indiferentes a la actuación criminal de los paramilitares, pero en cambio centran todo su odio en el movimiento insurgente. No existe un medio en Colombia que juzgue las actuaciones de los paramilitares -que aún existen y en mayor número-; por el contrario, todos se manifiestan con grandes especiales, reportajes, columnas noticiosas, artículos de opinión, libros, entre otros instrumentos de los mass media, en contra de la actuación guerrillera sin otorgar importancia a las causas que conllevaron a ésta. Carlos Castaños en diversas oportunidades fue entrevistado por los grandes medios de comunicación colombianos, manejados en su mayoría por el emporio que representa la familia del actual ministro de la Defensa del vecino país, el aristocrático Juan Manuel Santos, y durante todas estas entrevistas -audiovisuales y escritas- no se cuestionaron, ni criticaron las actuaciones de estos grupos de mercenarios financiados por la burguesía colombiana y el narcotráfico. ¿Y qué tiene que ver Ingrid con todo esto? Así como esos medios han ocultado la acción criminal de los paramilitares, y contribuyen a fomentar un odio hacia la guerrilla y su forma de resistencia, de esta forma han estimulado a la población colombiana a divinizar la imagen de la ex candidata presidencial que hoy, en Colombia y el mundo, es observada como una gran heroína que luchó contra las fuerzas oscuras de las armas guerrilleras. No es que no me congratule la liberación de Ingrid, por el contrario debe emocionarnos a todos, pero lo que si no comparto es el elevarla al grado de la divinidad. Hasta hace tan sólo tres semanas se hablaba de la gravedad física y mental que embargaba a la colombiana, donde se llegó a plantear en algunos medios la hipótesis de la tortura en contra de la ex candidata por parte de sus captores. En infinitas oportunidades los medios de comunicación en el mundo difundieron la imagen de una Ingrid Betancourt que en medio de la selva lucía demacrada y desnutrida, con fuertes rasgos de austismo. París, la ciudad luz Ingrid Betancourt fue “rescatada” el día miércoles en medio de un gran despliegue comunicacional que esperaba en el aeropuerto la llegada de una demacrada “secuestrada” y “maltratada” Ingrid, pero no fue así. La ex candidata arribó al aeropuerto vestida con la ropa que le habían dado sus captores y con una fortaleza que los campesinos de Colombia y los desplazados no poseen, tanto así que esa misma noche aparece en el mayor show del mundo mediático, al que podríamos llamar Uribe y sus amigos. Luego de haber llamado a todos los colombianos a apoyar la política de guerra de Uribe, se le vio bajando de un avión en la bella ciudad de París de manos del presidente francés Nicolás Sarkozy, donde en el idioma del país galo, agradeció las gestiones del presidente y el apoyo del pueblo de Francia para lograr su liberación. La campaña Ingrid Los medios de comunicación emprendieron una campaña en apoyo a la liberación de la ex candidata presidencial. Hasta su retención, no se había tocado el tema de los secuestros en Colombia, pese a haber personas con más tiempo que la señora Betancourt, menos se habló del secuestro, por parte de paramilitares, de la senadora colombiana Piedad Córdoba. El fenómeno Ingrid tomó escenario internacional al llegar Sarkozy a la presidencia -por haber éste basado como uno de sus puntos de campaña la liberación de la franco colombiana- con lo que los mass media alcanzaron su punto más alto en la escala de la intermediación mediática. El presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, a través de su intermediación logró la liberación de siete retenidos por las Farc y la campaña fue de descrédito a la labor del Mandatario venezolano, al punto de que hoy se le adjudica haber cancelado 300 millones de dólares por los rehenes, según lo indican los supuestos documentos del magnífico e indestructible computador del asesinado comandante guerrillero Raúl Reyes. Por el contrario, el Gobierno colombiano realizó una operación que ponía en riesgo la vida de los retenidos, y los medios de comunicación la han colocado como la mejor operación militar realizada en Colombia. Ya se olvidó el intento de rescate que realizara el Ejército colombiano donde murieron 11 diputados, porque según palabras de la ex candidata, la vía militar implementada por Uribe es efectiva. Los medios colombianos y mundiales se han dado a la tarea de repetir incesantemente las palabras de apoyo a la política de Uribe y la fórmula de un tercer mandato, obviando que hoy la guerrilla mantiene retenido a un gran número de civiles y militares colombianos. Para los medios de comunicación en Colombia y el mundo ya no existe Pablo Moncayo, ya no existe Alan Jara, ya no existen los más de 600 retenidos que quedaron bajo el mando de las Farc, sin mencionar a los guerrilleros que el Gobierno colombiano mantiene en condiciones infrahumanas en sus cárceles, porque con la liberación de Ingrid ya se logró recuperar la “dignidad” de Colombia y su Gobierno, ya los medios lograron establecer a su heroína y, a través de ella y su discurso, recuperaron la confianza de la burguesía y los alienados de Uribe. El discurso bélico y su incesante repetición No debe sorprendernos el discurso de Ingrid Betancourt, tan repetido por los medios. Es el discurso de la clase a la que pertenece; la burguesía que ha dominado y pisoteado a los colombianos desde la época de la colonia, y que con ínfulas de hidalguía “invitan” a la guerrilla a negociar, cuando en la oscuridad de sus intereses de clase, sólo quieren erradicarla para asegurar su dominio. Con Ingrid se logró la liberación por la vía militar, pero esto no va a mermar la lucha de un pueblo campesino, que a través de las armas resiste en contra de una dictadura establecida por los mecanismos que genera la democracia burguesa, que busca erradicarlos para fomentar un pequeño subimperio que tiene como amo a los halcones y las grandes transnacionales de los Estados Unidos. La negociación y los medios de comunicación La vía negociada es la fórmula, pero dudo que con un gobierno como el de Uribe se logre este proceso, y manifiesto mi completa convicción de que con la burguesía mediática presente en el Estado Colombiano esto es imposible. La salida de la guerra en Colombia se logrará sólo con la conciencia de los habitantes del vecino país, pero mientras éstos no se deslastren de la alienación que infunden a diario los medios de comunicación, no se podrá establecer la presión necesaria, que permita garantizar la vida y el ejercicio político de los insurgentes. Colombia vive bajo el fuego de las armas, mientras el pueblo duerme en el letargo de la irrealidad fantástica que diseñan los medios.

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