“Los cachorros del Imperio” huyeron apedreados por el pueblo en Rosario.

Hernán Mena Cifuentes

Los “Cachorros del Imperio” fueron a ladrar al paso de la victoriosa caravana de la revolución latinoamericana y caribeña, esta vez en Argentina, donde nefastas figuras de la contrarrevolución se reunieron con agentes de su amo, buscando frenar la marcha de un proceso destinado a hacer de América Latina y el Caribe un poderoso polo económico-político y social de proyección mundial, pero fracasaron y salieron repudiados y apedreados por el pueblo. En un lujoso hotel de Ciudad Rosario, se dieron cita el 27 y 28 de marzo pasado, los más connotados miembros de la mafia ultraderechista de Europa, América Latina, el Caribe y EEUU, acompañadas de un grupo de nostálgicos golpistas regionales de menor rango, en un pseudo seminario académico internacional titulado “Los desafíos de América Latina”. El evento intentó cumplir con la misión imposible que se ha trazado EEUU, cual es la de revertir el proceso integrador que se viene dando en la región bajo el liderazgo del presidente venezolano Hugo Chávez Frías, quien con otros líderes y gobiernos progresistas, están cambiado para siempre el viejo mapa de dependencia económica política y social al Imperio, que prevaleció durante más de un siglo en la región. De esta manera, están cumpliendo el sueño de Bolívar, Miranda, San Martín, O’Higgins, Martí, Sandino y otros próceres, que renació para comenzar a hacerse realidad hace medio siglo en La Habana, cuando Fidel dijo: “Esta humanidad ha dicho basta”, y hoy se encamina con paso firme hacia la ansiada meta, que es la definitiva independencia de nuestros pueblos. La reunión de Rosario no fue un hecho aislado, pues se inscribe en el contexto de una confrontación entre dos visiones diferentes, la de un mundo que fenece y otro que renace y, en ese contexto, Washington envió, junto con un grupo de terroristas funcionarios suyos, a sus vasallos más serviles procedentes de España, América Latina y el Caribe, en momentos cuando en la región se sucedían otros acontecimientos y eventos decisivos para el logro de los objetivos de cada una de las partes en conflicto. En Argentina, se iniciaba un paro ilegal y golpista, que aún enfrenta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a su Gobierno con los ricos y poderosos productores agropecuarios del campo, herederos de los terratenientes que se adueñaron de la Pampa, dando muerte a los indios y desalojando a los gauchos, cuya gesta cantó José Hernández a través de la épica figura de Martín Fierro, pero está vez, los conspiradores enfrentan a un pueblo que ha cerrado filas en defensa de su Presidenta y del sueño de justicia y redención que ella busca para los marginados. Mientras en Argentina los latifundistas bloquean carreteras, negándose a entregar una mínima parte de sus obscenas ganancias, rechazando el justo impuesto orientado a proteger el abastecimiento doméstico de carne y cereales contra las masivas exportaciones de esos productos y a subvencionar a los pequeños productores que poseen un mínima parte de las tierras, en Venezuela, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) se dedicaba a calumniar a la revolución venezolana y a otros gobiernos progresistas. Pero, sucedió lo que todos esperaban, pues de Rosario, los traidores salieron apedreados y humillados, salvándose, sólo gracias a la oportuna intervención de la policía que los protegió a duras penas de la ira popular, mientras centenares de los manifestantes expresaban su repudio al grito de “Bush fascista, vos sos el terrorista” y otras consignas como una que decía: “Capitalismo, fuera del mundo.” En Caracas, fracasó, igualmente, la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa porque el pueblo ignoró sus calumnias tantas veces repetidas, como esa que asegura que en Venezuela y otros países con gobiernos progresistas de la región no existe libertad de prensa, y más aún, porque mientras ellos propalaban sus falacias, en la misma capital venezolana tenía lugar el Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático que sepultó con sus verdades las mentiras de esos mercenarios imperiales. Tampoco pudieron los “halcones” de Bush, ni los mercenarios de los medios a su servicio, aislar a Chávez, ni mucho menos que los pueblos creyeran las acusaciones de “terrorista” lanzadas contra él en las últimas semanas, porque en Brasil el Presidente venezolano reafirmó, esa semana, su vocación democrática e integradora para unir a América Latina y al Caribe, al suscribir con ese otro revolucionario que es Lula da Silva, convenios claves para el desarrollo bilateral en las áreas de energía, agroindustria y comercio. Es que ya no tienen éxito cónclaves como esos, porque sólo predican mentiras y producen declaraciones contrarias a los sueños de los pueblos y gobiernos progresistas y, porque a ellas sólo acuden tenebrosos personajes como los que asistieron a la cita de Rosario: Vicente Fox, José Aznar y Mario Vargas Llosa, los tres mosqueteros y escuderos de George W. Bush, el “Nerón del siglo XXI. Loa integrantes de ese trío, son las emblemáticas figuras divulgadoras de las “bondades” del capitalismo salvaje, de su modelo, el neoliberalismo y de la globalización explotadora de pueblos, pitiyanquis cuyos nombres, con sólo mencionarlos traen de inmediato a la memoria el nombre de Judas. Fox fue el vendedor de Coca Cola que llegó a la presidencia de México para entregar a EEUU la riqueza de su patria y a su pueblo a la miseria, el hambre y la pobreza que significó su adhesión al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, NAFTA, por sus siglas en inglés; y es el “Cachorro del Imperio” que defendió con más furia que nadie su amo Bush en Mar del Plata, tratando en vano de evitar que allí naufragara el Alca, bajo el furioso vendaval de las verdades de Chávez, Lula, Kirchner y Duarte. Aznar, el ex presidente español, con el británico Tony Blair, fue el par de “perros falderos” de Bush, que juntos, le mintieron al mundo acusando a Irak de poseer armas de destrucción masiva con el fin de adueñarse del petróleo del país árabe, para lo cual desataron una guerra que no han podido ganar en cinco años, ni apoderarse del oro negro que buscaban, siendo los tres, responsables de la muerte de más de un millón de iraquíes, de más de cuatro mil soldados yanquis y docenas de militares españoles. Vargas Llosa es el clásico ejemplo del desertor y traidor de ideologías que abandonó las trincheras revolucionarias y se pasó a las filas del fascismo; que envidia el éxito de García Márquez, resentido por no haber podido alcanzar hasta ahora, lo que “El Gabo”, alcanzó, el Premio Nobel de Literatura y, lo más triste y lamentable para su ego, el no haber llegado a la presidencia de Perú, porque cuando lo intentó, el pueblo lo rechazó por vende-patria. Desde entonces, por mandato del Imperio, los tres recorrer el mundo para calumniar y ofender la dignidad de mandatarios progresistas como Chávez, Evo, Kirchner, Ortega y Correa, acusando al primero de ser un dictador y los mandatarios de Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua de ser como él, dirigentes populistas, pero su objetivo principal es el que persigue Washington: destruir la revolución bolivariana y a su líder, pues bien saben que, si destruyen a Chávez, destruyen el sueño integrador que él persigue. Para ponerle nombre a esa conjura y colocar las cosas en su justo sitio, nadie más calificado que Eduardo Galeano, autor de las Venas abiertas de América Latina, quien hace cerca de cuatro años, al referirse a las calumnias y ofensa propaladas por esos vende patria, dijo una vez que el ‘presidente Chávez cuanto más es atacado, más se confirma que está haciendo las cosas buenas por Venezuela y por América Latina.” Galeano, con el tono irónico que utiliza a veces, expresó que “Hugo Chávez es demonio porque alfabetizó a dos millones de venezolanos usando la riqueza natural más importante del mundo que es el petróleo, y que la ‘presencia de médicos cubanos en Venezuela pagados con petróleo para atender a los pobres, es otra prueba de que Chávez está en la tierra, de visita, pues pertenece al infierno.” Tiempo después, volvió Galeano a ironizar sobre el odio que Chávez genera entre el Imperio y sus lacayos, al decir: “Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida. Creó una Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a eso en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por primera vez en la historia universal. No hubo castigo, y esta resultó la octava elección que Chávez ha ganado en cinco años con una transparencia que ya hubiera querido Bush para un día de fiesta.” Con su afirmación, el escritor encontró la razón de los fracasos de los enemigos del presidente Chávez y de todos los revolucionarios, razón que esta vez se ha repetido en Rosario al fallar las pretensiones de esa caterva de mercenarios de alta y menor jerarquía y otros legionarios que reciben, si no todos, muchos de ellos cheques de la CIA a través de US AID, o de la NED, la tenebrosa National Endowment for Democracy, para cumplir con su labor de guerra sucia. Puntuales llegaron a la ciudad argentina, junto con los agentes yanquis Roger Noriega, Carl Meacham y Jim Roberts, Mark Falcoff y Bridgett Wagner, los venezolanos Marcel Granier, patética y plañidera “viuda” de Radio Caracas TV, y Yon Goicochea, joven promesa del golpismo criollo, reclutado de las filas estudiantiles de las universidades privadas venezolanas UCAB, USB y UM, de donde se ataca sistemáticamente a la revolución boliviariana y, al lado de ellos, el infaltable vende-patria y mercenario cubano Carlos Alberto Montaner. No podían faltar a la cita, algunos ex presidentes como el salvadoreño Francisco Flores; el boliviano Jorge Quiroga y el uruguayo Julio María Sanguinetti, todos ellos de triste recordación, por su nefasta actuación en favor de los intereses de EEUU y como explotadores y opresores de sus pueblos. Pero fallaron estruendosamente, y con su huida en desbandada, acosados como los golpista del 11-A que hace cinco años escaparon de la furia popular de Miraflores, demostraron que su mensaje conspirativo ya no tiene cabida en este mundo posible que construye su futuro, liberándose del dominio de un Imperio en decadencia, que en su caída arrastra a sus vasallos. Y en ese escenario que exhibe la derrota de los contrarrevolucionarios en Rosario, en Caracas y Recife, el panorama luce brillante para el pueblo y para los líderes progresistas como Chávez, Cristina Kirchner, Correa, Lula y Ortega, quienes, recorriendo el camino integrador que abrió Bolívar y otros próceres de la Gran Patria latinoamericana y caribeña y más recientemente Fidel con su histórica proclama de Fidel, han dicho una vez más, “Basta, porque esta humanidad ha echado a andar” y nadie podrá ya detenerla.
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