Colombia e Israel: verdugos del Imperio en Latinoamérica y el Medio Oriente

Hernán Mena Cifuentes

Colombia e Israel, a pesar de estar tan alejados entre sí, de tener lenguas, religiones y culturas diferentes, tienen en común el hecho de poseer Estados y gobiernos al servicio incondicional de EEUU que los usa en las regiones a las cuales pertenecen como gendarmes, verdugos y puntas de lanza del proyecto de conquista mundial que el Imperio adelanta y que amenaza con desatar un holocausto planetario. El papel que ambos regímenes juegan como peones de EEUU en el tablero geoestratégico político-militar internacional, no se dio de manera casual, sino que es producto de un estudio exhaustivo que hizo Washington, hace más de medio siglo, para la ejecución del proyecto que seleccionó a dos países ubicados en regiones donde existen los recursos energéticos más grandes del planeta, el gas y el petróleo, indispensables para mover la maquinaria bélica que hace posible lograr ese objetivo y el agua suficiente para calmar la sed del mundo. Claro está, que los cálculos orientados a alcanzarlo, los hicieron tomando en cuenta únicamente el aspecto material, olvidando las lecciones de la historia que demuestran que las guerras no se ganan solamente a fuerza de cañones, misiles, portaaviones, aeronaves y soldados superiormente armados, sino que para ello hace falta algo más, ese algo que ellos no tienen: la dignidad, la valentía y el espíritu de lucha que hace invencibles a los pueblos. Fue así que, prevalido del poder omnipotente alcanzado una vez finalizada la II Guerra Mundial, EEUU puso en marcha su proyecto Israel-Colombia, abriendo una Caja de Pandora de la que saldrían guerras, genocidios, confabulaciones, traiciones, complicidades y otros males que desde entonces vienen asolando, no sólo al mundo árabe y al pueblo latinoamericano y caribeño, sino a la humanidad entera. El punto de partida del caos que gestó el Imperio comenzó hace exactamente 60 años, al suscitarse en el Medio Oriente y en América del Sur dos eventos que habrían de cambiar el rumbo de la historia: la irrupción de Israel como Estado ilegal e ilegítimo y el asesinato en Colombia, de Jorge Eliécer Gaitán, en los que EEUU jugó rol protagónico, como lo confirman documentos y testimonios de testigos de esa época que prueban la intencionalidad de esos sucesos, que tiene fecha y nombre propios. En mayo de 1948 nació el Estado de Israel, engendro que desgarró las entrañas de la madre tierra palestina, ensangrentada desde entonces por las guerras, masacres y asesinatos selectivos de que han sido víctimas sus hijos que, por resistir a los ocupantes, no han tenido ni un día de paz, porque la muerte se ha llevado a millones de ellos, y los que no han perecido son desplazados, sufren, cárcel, torturas, hambre, sed, desnutrición, destrucción de sus hogares, bloqueos y el aislamiento de un infame muro. Dos meses antes, en Colombia, un día de abril habían asesinado a Gaitán, y con el crimen, las esperanzas del pueblo neogranadino, que en rapto de justa ira incendió a la capital, hecho conocido como “El Bogotazo”, en respuesta al magnicidio y a la brutal explotación y represión gubernamental y de la oligarquía que se había desatado contra los campesinos que para sobrevivir tuvieron que huir a la selva para resistir a través de lucha armada. A partir de entonces, los Estados y gobiernos de Colombia e Israel se dedicaron a hacer la guerra al pueblo palestino y colombiano, usando los mismos métodos diseñados por su amo imperial que por su salvajismo, crueldad sin límites, son objeto del repudio y la condena universal que se estrella lastimosa e inútilmente ante la impunidad de los victimarios que, protegidos por el chantaje y el soborno de EEUU que hace callar débiles y cómplices conciencias, les envalentona y aceleran su marcha de terror. En el contexto del proceso de exterminio que ambos siervos imperiales adelantan en Palestina y el país neogranadino, se destaca el doloroso drama de Los desplazados, millones de hombres y mujeres, niños y ancianos que para escapar de la violencia y de la muerte se convierten en una masa humana que se mueve sin rumbo a través del desierto, en el caso de los palestinos, y de la selva, en el caso de los colombianos, en búsqueda de salvación que, a veces, encuentran en campos de refugiados o países vecinos. El asesinato selectivo es la monstruosa forma de exterminio utilizada por el Estado sionista y colombiano para deshacerse de los combatientes de la resistencia en flagrante violación de los más elementales principios y normas morales y jurídicas, crímenes que han dejado un elevado saldo de muertes no sólo entre quienes luchan contra su dominio sino entre la población civil, en su mayoría niños y mujeres. Desde el aire, usando helicópteros y silenciosas aeronaves no tripuladas, el Estado israelí ha asesinado, mediante ese método, a centenares de combatientes palestinos, mientras que en Colombia, los gobiernos con apoyo de sicarios y paramilitares exterminaron hace 20 años a los primeros miles de guerrilleros y políticos de oposición que creyeron en sus falsas promesas de conciliación y paz. La matanza que adelantan los dos Estados y gobiernos ha continuado, pues los sionistas siguen asesinando combatientes palestinos, y en Colombia, de manera sistemática, siguen con ese ritual de muerte; los “paras” que desmiembran con moto-sierras y machetes a campesinos o los matan con serpientes venenosas, mientras que el Estado consagra la legalidad de la pena de muerte, al pagar recompensas a informantes y asesinos como sucedió con muerte de un líder guerrillero cuya mano recibió el Gobierno como prueba del crimen. Simultáneamente, existe la macabra conexión de Tel-Aviv y Bogotá, a través del uso de miembros del Mossad, la tenebrosa inteligencia policial sionista para entrenar a los paramilitares y a las fuerzas del gobierno de Álvaro Uribe en técnicas de tortura, espionaje y uso de armas, además de la adquisición de aeronaves de la fuerza aérea israelí por parte de Colombia y de la logística de guerra, como habría sido la utilizada en la masacre de Sucumbíos. No se queda allí la participación de los Estados y gobiernos de Israel y de Colombia como agentes del Imperio, pues la misma tiene como objetivo usarlos de “cabeceras de playa” y gendarmes para propagar las llamas de la guerra e incendiar a los Estados vecinos para que sus hijos se maten entre ellos y así facilitar en esas regiones la ejecución de su perverso proyecto de conquista planetaria. Israel ha cumplido parte del papel de “cuña geoestratégica” que le ha sido asignado al ampliar su territorio mediante sucesivas guerras, ocupación ilegal de nuevas tierras e invasiones a vecinos como el Líbano donde sufrió una humillante derrota a manos de Hezbolá, cuyos combatientes acabaron con el mito de invencibilidad de su poderoso ejército; no obstante, continúan con sus diarias incursiones militares en la Franja de Gaza, donde son tantas las víctimas, que la cultura de la muerte cobra allí plena vigencia. Colombia hace lo mismo, ya que sus gobernantes destruyeron la soberanía del país al suscribir el Plan Colombia (hoy Plan Patriota) con EEUU, que les ha recompensado con más de 5 mil millones de dólares para instalar bases militares con soldados asesores mercenarios, sofisticadas aeronaves, equipos de radar y espionaje satelital, punta de lanza de la invasión con la que proyectan conquistar al resto de Sudamérica para adueñarse del petróleo, gas, agua y los recursos que allí se hallan, los más grandes del planeta. Las cárceles israelíes están llenas de hombres, mujeres y de niños que difícilmente sobreviven en oscuros calabozos, enjaulados desde hace años, sin proceso judicial alguno, acusados de ser miembros de la resistencia popular que se opone a la ocupación sionista de Palestina, mientras que en las de Colombia, también viven encerrados miles de combatientes revolucionarios, junto con centenares de sospechosos de pertenecer a la guerrilla, la mayoría de ellos sin esperanza alguna de alcanzar libertad. La mayoría de ellos son los que se fueron a la selva para desde allí iniciar la lucha armada pensando en un futuro mejor para su patria, y el resto, políticos, sindicalistas y luchadores sociales que protestaban por las ejecuciones y desapariciones, por las infamantes condiciones de miseria, hambre, desempleo, ignorancia, enfermedad y demás plagas sociales que asolan a las mayorías, mientras una minoría de privilegiados se enriquece obscenamente de su trabajo y de la explotación de la riqueza del país. Esa amoral conducta de los Estados y gobiernos de Israel y de Colombia es la que ha abierto las puertas al proyecto de conquista que el Imperio diseñó para la conquista de las regiones a las que pertenecen ambos países y que, en el caso de Israel, ya comenzó con las invasión de Irak y Afganistán por EEUU, y en el caso de Colombia, con la incursión militar en territorio de Ecuador, que culminó con la muerte de una veintena de guerrilleros de las Farc y de 4 estudiantes mexicanos. Tanto Israel como Colombia gozan de la protección de Washington, ya que éste ejerce el ilegítimo derecho de veto en la ONU, cada vez que allí se acusa al Estado sionista por sus crímenes de lesa humanidad, mientras que en el Tribunal Interamericano de DDHH, permanecen engavetadas miles de denuncias presentadas por familiares de las víctimas asesinadas por el terrorista Estado colombiano y sus cómplices. Es una inversión de valores, “El mundo al revés” de Galeano, que convierte a la víctima en victimario, por efecto de la cínica actitud de dos Estados y dos gobiernos que con el incondicional apoyo de EEUU, de una caterva de traidores y de una poderosa dictadura mediática manipulada y pagada por Washington, que transforma al agresor en agredido para confundir al mundo. Ocurrió recientemente en República Dominicana, cuando la Declaración de Santo Domingo, suscrita por los presidentes reunidos en la XX Cumbre del Grupo de Río, condena la agresión del ejército colombiano a territorio ecuatoriano, documento que apenas si fue mencionado por los medios, concentrados en divulgar los estrechones de manos repartidos al final del evento por Uribe, restándole importancia a la declaración y la decisiva actuación del presidente venezolano Hugo Chávez que evitó la guerra. Porque la Declaración, que la prensa pitiyanqui no publicó íntegramente y apenas ha sido mencionada en espacios reducidos de los diarios, radio y televisión, pone al descubierto al agresor, que llegó a Santo Domingo fingiendo ser el agredido, con un rosario de falacias, calumnias y mentiras, cuyas cuentas fueron rodando por el suelo a medida que Rafael Correa, presidente del país invadido, iban dando a conocer la verdad de lo ocurrido. Fue el pasado 1 de marzo en Sucumbíos, en un remoto paraje ecuatoriano fronterizo con Colombia, separado por el río Putumayo, que se violó la soberanía de una nación y se cometió un crimen de lesa humanidad, tal como quedó establecido en la Declaración de Santo Domingo, que señala entre algunos de sus puntos que: … la incursión se efectuó “sin consentimiento expreso del Gobierno de Ecuador; que reafirma que el ‘principio de que el territorio de un Estado es inviolable, ni puede ser objeto de ocupación militar por parte de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente cualquiera que fuera el motivo, aun de manera temporal”, como lo hizo el ejército neogranadino. En el texto de la Declaración los mandatarios expresan claramente : “Tomamos nota con satisfacción de las plenas disculpas que el presidente Álvaro Uribe ofreció al Gobierno y al pueblo del Ecuador por la violación del territorio y la soberanía de esta hermana nación el 1 de marzo de 2008 por parte de la fuerza pública de Colombia.” Destaca a continuación el documento suscrito por los presidentes: “Registramos también el compromiso del presidente Álvaro Uribe, en nombre de su país, de que estos hechos no se repetirán en el futuro bajo ninguna circunstancia, en cumplimiento de lo que disponen los artículos 19 y 21 de la Carta de la OEA. Para el “Nerón del siglo XXI”, el presidente George W. Bush, las sanciones impuestas tanto a EEUU y a sus vasallos, con toda la autoridad, legal, moral y ética que tiene el documento, no le importan nada, y ha salido, como es costumbre suya, salir en defensa de lo indenfendible, asegurando con cinismo, como lo hace siempre con Israel, en vano intento por tapar la luz del sol con un dedo, y en el marco de su reducida condición intelectual y escasa visión política, asegura que el Estado colombiano es el agredido. Lo hace con el único propósito de proteger a dos Estados y gobiernos que hacen de gendarmes y puntas de lanza de su proyecto de conquista planetaria, para así poder seguir desatando en el Medio Oriente y Asia Central, el tsunami de violencia con que ha asolado a los pueblos de Palestina, Líbano, Irak y Afganistán y con el que también se propone envolver a Irán, como se propuso hacerlo este mes de marzo en América Latina y el Caribe, con la incursión militar de Colombia en Ecuador. Mas el plan culminó en un total fracaso, gracias a la oportuna actuación de Chávez, la “Piedra en el zapato” del Imperio que le ha vencido en todas las batallas libradas hasta ahora en defensa de la libertad, integridad y soberanía no sólo de Venezuela, sino de la Gran Patria, como lo hizo en Mar del Plata, al hundir el acorazado anexionista del Alca e imponer en su lugar al Alba, la solidaria e integracionista Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América. EEUU podrá seguir utilizando a los Estados y gobiernos de Israel y Colombia como peones de su proyecto de conquista planetaria, pero existe un hecho cierto y claro como la luz del día, y es que ya no podrán hacerlo con mentiras y calumnias, porque hoy cobran más vigencia que nunca las proféticas palabras del Libertador Simón Bolívar quien dijo : “ Los EEUU parecen destinados por la Providencia para sembrar de miseria a la América en nombre de la libertad”. Por ello, es que hoy sus pueblos han desenmascarado al Imperio y puesto al descubierto su rostro de agresor, como lo hicieron los Presidentes en la Declaración de Santo Domingo que le arrancó el compromiso a su vasallo en la región de que no volverá a perpetrar agresiones como la que ordenó a su ejército contra Ecuador, dando muerte a combatientes revolucionarios y a estudiantes mexicanos, un crimen de lesa humanidad más de los muchos perpetrados por esa marioneta imperial llamada Álvaro Uribe Vélez.
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