Kosovo y la conspiración secesionista de EEUU en América Latina

Caracas, 22 Feb. ABN.- (Hernán Mena Cifuentes). La ilegítima declaración de independencia hecha por los separatistas de Kosovo el pasado domingo se inscribe en el marco del proyecto de conquista planetaria que adelanta Estados Unidos (EEUU) no solo a través de la violencia de la guerra, sino también mediante la perversa y sutil estrategia del maquiavélico principio de “divide y reinarás” que adelanta para atizar la llama del secesionismo orientado a aislar y destruir los procesos revolucionarios de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Con la separación de Kosovo, cayó el último baluarte de la República de Serbia, sobreviviente de la República Federal Socialista de Yugoslavia, siendo la culminación del proceso de desmembramiento geopolítico del país, como resultado del complot de EEUU y sus aliados europeos, que incluyó la actuación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial y sus políticas de shock neoliberales como las privatizaciones, las guerras internas, los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), que llevaron finalmente a la fragmentación de la República Serbia. Las independencias de las provincias Yugoslavas y de Serbia, su heredera, como fueron las de Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia, Montenegro y Kosovo, no fue un caso aislado, sino parte de una conspiración del Imperio, que trasciende el ámbito geográfico de Europeo de los Balcanes para llevar a América del Sur, con su perverso plan, esta vez orientado, primero, a desestabilizar y finalmente a dividir a través de la secesión a 3 naciones con gobiernos revolucionarios, como son Bolivia, Ecuador y Venezuela. No es casual que la conjura de Kosovo esté asociada a la que se está desatando actualmente en Bolivia, objetivo inicial del macabro plan conspirativo regional de EEUU, por considerarla el más débil eslabón de esa cadena, donde participan algunos de los elementos subversivos que intervinieron en la provincia kosovera, mientras simultáneamente aun que con menor intensidad, lo adelantan en Ecuador y Venezuela. Un análisis exhaustivo de sus “ingredientes” nos revela que en las tres naciones están presentes el mismo tipo de sectores, personajes, cargos, regiones, condiciones y métodos y mecanismos que, como piezas de un rompecabezas, encajan con precisión en el macabro escenario de la conspiración desestabilizadora y separatista de que son víctimas los procesos revolucionarios que viven esos tres pueblos. Intervienen con impunidad, desde antes de los históricos procesos electorales que dieron el triunfo a Hugo Chávez en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y a Rafael Correa en Ecuador, desatando una ofensiva de calumnias, mentiras e injurias contra los tres revolucionarios, liderada por diplomáticos, miembros de las oligarquías criollas, jerarcas de la Iglesia y por los medios al servicio del imperio tratando de impedir sus victorias, intento en el que aún persisten a pesar de los fracasos hasta ahora cosechados. No obstante, y a medida que sufren mas derrotas, aumenta la intensidad de los esfuerzos de EEUU por destruir esas tres revoluciones, temeroso como está, y con razón, de que su ejemplo, tomado de la Revolución cubana, se siga extendiendo como ya lo ha hecho en Argentina, Brasil, Nicaragua y Uruguay y otras naciones y termine por hacer colapsar el dominio que han mantenido durante décadas en ese inmenso y rico espacio territorial del que se ha alimentado durante mas de un siglo, llamándolo su “Patio trasero.” No es de extrañar entonces las similitudes que presenta la conjura desatada por el Imperio en Kosovo con las que se adelanta en Bolivia, Ecuador y Venezuela, utilizando la agenda que escribió para adueñarse de la última provincia que aún le quedaba a Serbia , donde, a pesar de que se ha nombrado un nuevo gobierno y en las calles los separatistas ondean con vergonzoso orgullo la bandera de las barras y las estrellas, junto con la del nuevo país, su victoria aún no se consolida. Ello se debe a las contradicciones que presenta lo ocurrido en Kosovo, debido por un lado, al fuerte rechazo que a esa ilegal independencia ofrece en primer lugar Serbia y Rusia, y por otra parte, a la negativa de varias naciones europeas a reconocerla, ya que, a pesar de que en el fondo coinciden con las maniobras estratégicas que llevaron al Imperio y a sus aliados a ejecutarla, temen que se devuelva como un bumerang en su contra. Sienten pánico de que el accionar conspirativo que se cumplió en la provincia secesionista serbia se propague como avalancha de estímulo y reconocimiento a los movimientos separatistas que existen en sus territorios, provocando el mismo caos al que contribuyeron a crear en Kosovo, cuyas consecuencias son impredecibles, porque, nadie sabe aún lo que devendrá de ese perverso afán del Imperio de dividir a los pueblos, porque, si algo es cierto, es que “Quien siembra vientos cosecha tempestades.” Eso es lo que hace hoy EEUU en Bolivia, en Ecuador y en Venezuela, promoviendo el sutil método del separatismo como vía alterna hacia la meta que hasta ahora no han podido conquistar a través de la violencia, pensando que puede cristalizar usando como lo hacen en el país del Altiplando a uno de los verdugos que actuaron en los movimientos separatistas de la antigua Yugoslava. Uno de ellos es Philip Goldberg, siniestro personaje y actual embajador de EEUU en Bolivia, quien actuó entre los años 1994 y 1996 como asistente del embajador Richard Holbrooke en Serbia, uno de los estrategas del proceso desintegrador de Yugoslavia y responsable del derrocamiento en el año 2000 del presidente Milosevic, que llevó a su posterior detención y muerte en prisión. Golberg fue uno de los arquitectos de la división de Serbia y Montenegro y en Kosovo, promoviendo conflictos violentos entre serbios y albaneses, y ahora, desde ese laboratorio de guerra sucia que es la embajada estadounidense en La Paz, despliega la estrategia secesionista del imperio reclutando espías entre estudiantes yanquis y promoviendo la violencia, con la organización de batallones contrarrevolucionarios, que cuentan con el apoyo de paramilitares colombianos y amenaza al mismo tiempo con sanciones económicas al Gobierno boliviano. A pesar de que los planes desestabilizadores del golpista embajador han sido debelados por el propio Evo Morales, quien presentó como prueba de ello una foto en la que aparece sorprendido el golpista diplomático junto al paraco colombiano John Jairo Vanegas y un rico empresario cruceño, Goldberg se niega a admitirlo y prosigue en su misión conspiratriva. Así lo hizo en estos días con cinismo durante su comparecencia ante las autoridades de La Paz que exigieron explicaciones sobre la denuncia de un joven miembro del Cuerpo de Paz que denunció haber sido contactado para espiar a voluntarios cubanos y venezolanos que trabajan en el país del Altiplano promoviendo el mejoramiento de la salud y educación del pueblo indígena, derechos que en el pasado les negaron los gobiernos y la oligarquía criolla. Esas oligarquías criollas son las que, como agentes del imperio, estimulan y promueven los procesos separatistas orientados a preservar su dominio económico y mezquinos privilegios, que se ven amenazados por la nueva realidad político-social que exhiben esas naciones, con gobiernos progresistas y líderes que buscan una mejor calidad de vida para el pueblo, mediante el desarrollo de programas sociales y leyes que le permitan superar los abismos de inequidad, marginalidad, hambre, pobreza e ignorancia en que han vivido. En Bolivia, como en Ecuador y Venezuela, la vanguardia del proceso secesionismo en marcha, la conforman los magnates de la agroindustria, las finanzas, el comercio, los latifundistas, y grandes empresarios vinculados a las transnacionales y un corpúsculo de gobernantes regionales de reconocida trayectoria al servicio del Imperio, que están detrás de las migajas que se les arrojan como premio a su servilismo. En su mayoría, esa minoría es de ascendencia europea, como lo revelan sus apellidos alemanes, franceses, españoles, (croatas y serbios en Bolivia) y, en algunos casos, sus azulados ojos, su rubia cabellera, y mas que todo, su intolerancia y desprecio hacia todo lo que parezca o huela a indio, negro, mestizo o sambo, características propias del crisol de razas que se dio en América tras la llegada de los conquistadores europeos hace más de 5 siglos. Son dueños y señores de la economía privada en pueblos y ciudades, donde habitan en lujosos complejos residenciales, amurallados para evitar robos y el contacto con la gente pobre de los barrios a las que explotan, como ocurre especialmente en Bolivia y Ecuador donde emplean campesinos e indígenas pagándoles salarios de hambre. Son también los terratenientes, que detentan enormes extensiones de terreno, que cultivan con modernas maquinarias en obscena exhibición de riqueza, frente a pobres campesinos e indígenas que laboran de sol a sombra cultivando el suelo en reducidos fundos, mientras otros con mas suerte, son contratados para sembrar y cosechar las productivas tierras de los voraces latifundistas, aun que sin gozar de la protección social que la ley exige. Por eso, y ante el temor que tienen ante el avance de los programas sociales como el de la reforma agraria que el gobierno bolivariano ha implementado en Venezuela, otorgando tierra, maquinarias, viviendas y semillas y, a los que eventualmente habrán de darse en Bolivia y Ecuador, intentan evitar ese legítimo acto de justicia social revolucionaria promoviendo el separatismo de las regiones donde ejercen su dominio. Por su parte, el Imperio, persigue una meta aún más ambiciosa, la cual se inscribe en su proyecto hegemónico de dominación mundial, como lo es el adueñarse del petróleo, del gas, del agua, de las plantas y animales con propiedades medicinales requeridas para la elaboración de fármacos patentaddos y de otros recursos naturales que abundan, no sólo en la parte amazónica de esas tres naciones, sino en toda la Amazonía, la región con mayor biodiversidad del planeta. Esa, y ninguna otra, es la razón por la cual han diseñado la estrategia secesionista puesta en marcha en esas 3 naciones, cuyos territorios conforman la mayor parte del gran arco Orinoco-Andino-Amazónico, que se extiende desde Trinidad y Tobago, pasando por la faja petrolífera del Orinoco, los llanos orientales colombianos, el Golfo de Guayaquil hasta llegar a Tarija y Santa Cruz en Bolivia, donde se encuentra la mayor reserva de esos energéticos de todo el planeta. Si a ello le sumamos el agua de la Amazonía, el “Oro azul“ que abunda en sus grandes ríos, como el Amazonas, Orinoco, Rio Negro y sus miles de afluentes, cuyas reservas hídricas son las mayores del mundo, es fácil deducir el interés que tiene EEUU por promover el diabólico plan de secesión en esos 3 países a través de sus cómplices, para finalmente apoderarse de toda esa riqueza, con lo cual dominarían completamente a un planeta donde, además del petróleo, ya escasea el agua, vital para la vida del ser humano. El plan separatista que el Imperio ha puesto en marcha en Bolivia, Ecuador y Venezuela, además de contar con el financiamiento, asesoramiento y actuación personal de los diplomáticos yanquis al frente de las embajadas en esos tres países, y del irrestricto apoyo que le ofrecen las oligarquías criollas, las transnacionales como la Exxon Mobil y la prensa servil a su servicio, cuenta con unas piezas claves, indispensables que según los estrategas que lo diseñaron, son indispensables para garantizar su éxito. Se trata de los gobernantes de las provincias que han sido seleccionadas para convertirse en “Repúblicas Independientes” y autónomas, y que actúan como incondicionales cipayos del Imperio, que piensan en inglés y honran la bandera estadounidense, por ser firmes creyentes de la religión capitalista, de su modelo neoliberal, y su libre mercado y la globalización como acongojadas “viudas” plañideras que son del difunto ALCA. En Bolivia la lista de esos vasallos la conforman los prefectos (gobernadores) de las ricas provincias de la Media Luna. Rubén Costas, de Santa Cruz; Mario Cossio, de Tarijas; Ernesto Suárez, de Beni; Leopoldo Fernández, de Pando, y Manfred Reyes, de la provincia de Cochabamba, ambiciososos cipayois que han renunciado a su nacionalidad boliviana para convertirse en apátridas, instrumentos ciegos al servicio de Washington. En el Ecuador, el proyecto de desmembramiento político del país la encabeza el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, un sombrío personaje anti bolivariano y pro yanqui, que llegó al extremo de quitarle el nombre de Simón Bolívar al aeropuerto de la ciudad y sueña con hacer de la segunda ciudad ecuatoriana, una República independiente, dependiente del Imperio. Al final de esa lista tenebrosa figura Manuel Rosales, el gobernador del Estado Zulia, el único gobernante regional venezolano que el 12 de abril de 2002 firmó el oprobioso documento de apoyo a “Pedro el Breve”, el dictador de opereta que se autoproclamó presidente de Venezuela tras el golpe de Estado del 11-A, y que abolió todos los poderes públicos durante su mandato de 47 horas, porque el pueblo y la fuerza armada leal restituyeron en el poder al legitimo jefe del Estado, el Comandante Hugo Chávez Frías. Esos son los pitiyanquis, los traidores, los apátridas, los vasallos del imperio cuyas fotos debieran ser expuestas públicamente como se hace con ese peligroso tipo de delincuente calificado como “Enemigo 1” de la sociedad, para que los reconozca el pueblo y no olvide que son una amenaza que, como el cáncer de un enfermo debe ser extirpado, porque de lo contrario el muere el paciente, y eso mismo ocurriría con la soberanía y dignidad de los pueblos de Bolivia, Ecuador y Venezuela si llegara a triunfar el diabólico proyecto secesionista que ellos adelantan en complicidad con Washington. Ya lo hicieron en Kosovo con “una independencia entre comillas” como la calificó el presidente Chávez, quien la protestó y no la reconoce, por considerarla ilegitima y acusó a EEUU de estar detrás de esa maniobra geoestratégica ejecutada en el marco de su proyecto hegemónico dominación mundial y tras nombrar a la ONU, que -dijo- debe ser un organismo para cuidar la paz, para evitar las guerras, le criticó por haberse prestado para ese juego imperial, advirtiendo que esa acción separatista, “podría terminar en otro desastre allá, en Kosovo en Serbia. Pero, si por un lado, lo ocurrido en Kosovo ha envalentonado a los conspiradores separatistas de Bolivia, Ecuador y Venezuela, al mismo tiempo ha activado las alarmas revolucionarias en La Paz, Quito y Caracas, cuyos gobernantes, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez, están prestos, como ya lo han declarado, a enfrentar al enemigo secesionista venga de donde venga. Ellos cuentan con el reconocimiento del mundo a sus democráticos proyectos libertarios y el apoyo de sus pueblos que han adquirido conciencia política y revolucionaria, dispuestos como ya lo han demostrado, a luchar y morir si es necesario, en defensa de sus conquistas y de la soberanía y dignidad de sus patrias, para que no vuelva a repetirse la nefasta historia de 5 siglos que las mantuvo bajo el yugo de imperios, de las oligarquías y de sumisos gobernantes como Rosales, Nebot, Costas, Cossio, Reyes y Fernández , cuyo destino final es el basurero de la historia.
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