Un Presidente Como mi padre

Caroline Kennedy

Durante años me han emocionado profundamente las personas que me han dicho que quisieran sentirse inspiradas y esperanzadas por Estados Unidos como la gente cuando mi padre fue presidente. Este sentimiento es más profundo aún en la actualidad. Es por eso que apoyo a un candidato presidencial en las primarias demócratas: Barack Obama.
Mis razones son patrióticas, políticas y personales, y las tres están relacionadas. Durante toda mi vida la gente me ha dicho que mi padre cambió su vida, que se involucraron en el servicio público o en la política porque él se los pidió. Y la generación que él inspiró ha legado ese espíritu a sus hijos. Me encuentro con jóvenes que nacieron mucho después de que John F. Kennedy fuera presidente, sin embargo, me preguntan cómo pueden llevar a cabo sus ideales.
A veces me lleva algún tiempo reconocer que alguien tiene esa capacidad especial de hacernos creer en nosotros mismos, vincular nuestras creencias con nuestros más altos ideales e imaginar que juntos podemos hacer grandes cosas. En esos momentos únicos, cuando una persona como esa aparece, necesitamos dejar de lado nuestros planes y tratar de alcanzar lo que sabemos que es posible.
Tenemos ese tipo de oportunidad con el Senador Obama. No es que los otros candidatos sean inexpertos o no tengan conocimientos. Pero este año puede que eso no sea suficiente. Necesitamos un cambio en el liderazgo de este país –igual que en 1960.
La mayor parte de nosotros preferiríamos basar nuestra decisión de voto en las diferencias políticas. Sin embargo, los objetivos de los candidatos son similares. Todos ellos han hecho planes detallados, desde fortalecer nuestra clase media, hasta invertir en la educación temprana de los niños. Así que las cualidades de liderazgo, carácter y juicio desempeñan un papel más importante que lo acostumbrado.
El Senador Obama ha demostrado que posee esas cualidades a lo largo de más de dos décadas de servicio público, no solo en Estados Unidos, sino en Illinois, donde ayudó a dar un vuelco a comunidades en lucha, impartió derecho constitucional y fue elegido funcionario estatal durante ocho años. Y el Senador Obama está mostrando hoy las mismas cualidades. Ha construido un movimiento que está cambiando el rostro de la política en este país y ha demostrado un talento especial para inspirar a los jóvenes –que se sabe que se prestan con facilidad a ser voluntarios, pero tienen aversión a la política– para que se comprometan con el proceso político.
He pasado cinco años trabajando en las escuelas públicas de la Ciudad de Nueva York y tengo tres hijos adolescentes. Hay una generación que llega a la mayoría de edad y es optimista, trabajadora, innovadora e imaginativa. Pero también demasiados de ellos han perdido las esperanzas, se sienten derrotados y no se comprometen. Como padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a que crean en sí mismos y en su fuerza para conformar el futuro. El Senador Obama está inspirando a mis hijos, los nietos de mis padres, con ese sentido de responsabilidad.
El Senador Obama está hacienda una campaña digna y honesta. Ha hablado con elocuencia acerca del papel de la fe en su vida, y ha mostrado su carácter en dos libros convincentes. Y cuando se trata de juicio, Barack Obama tomó la decisión correcta en el asunto más importante de nuestro tiempo al oponerse a la guerra desde el principio.
Quiero un presidente que comprenda que su responsabilidad es la de articular una visión y alentar a otros a lograrla, que se imponga a sí mismo, y a los que le rodean, los más altos principios éticos; que apele a las esperanzas de aquellos que aún creen en el Sueño Norteamericano, y a aquellos en todo el mundo que aún creen en el ideal norteamericano, y que pueda elevar nuestro espíritu y hacernos creer de nuevo que nuestro país necesita que cada uno de nosotros esté involucrado.
Nunca he tenido un presidente que me haya inspirado de la manera en que la gente me ha dicho que mi padre la inspiró. Pero por primera vez, creo que he encontrado el hombre que pudiera ser ese presidente –no solo para mí, sino para una nueva generación de norteamericanos.
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