Los “paras” ya están en Venezuela y la Revolución dispuesta a enfrentarlos

Hernán Mena Cifuentes

Están aquí, en Venezuela, cerca de ti, posiblemente justo a tu lado, pero no podrás reconocerlos porque no visten traje camuflado, ni tienen el rostro pintado como en Colombia. Son los paramilitares, los bárbaros modernos, engendros del Imperio, que ahora han penetrado por la frontera, para sembrar la muerte y el terror con el exclusivo fin de destruir la revolución bolivariana y a su líder. Fueron creados hace varias décadas en los laboratorios de la guerra sucia de Estados Unidos para combatir a gobiernos y organizaciones revolucionarias y sociales, dotados de licencia para matar y sembrar pánico y terror en el pueblo, asesinando de la manera más cruel a todo aquel que en Vietnam, en América Latina y el Caribe y el resto del planeta, se oponga y luche contra el dominio de su amo imperial. Muchos son los nombres con los que se les conoce desde su irrupción en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia, pero su objetivo ha sido siempre el mismo: secuestrar, torturar y asesinar. “Contras”, “Mano blanca”, “Brigadas de los lobos”, “Escuadrones de la muerte” y Autodefensas Unidas” o, simplemente “Paramilitares. En América Central dejaron una estela de muerte tan inmensa, que se cuentan por centenares de miles las vidas que segaron de la forma mas brutal que alguien pueda imaginarse, quemando vivos en sus ranchos o lanzándolos en fosas que los obligan a cavar, a humildes campesinos e indígenas, a quienes, luego rociaban con gasolina los asaban vivos tras lanzar la llama de un fósforo contra y ellos, además de violar a sus hijas y mujeres frente a sus madres, padres, hijos y esposos. Asesinaron a valientes sacerdotes nativos y extranjeros que desde el púlpito denunciaban sus crímenes y también a religiosas, a defensores de los Derechos Humanos y a cuanto sospechoso de colaborar o simpatizar con los movimientos de liberación que combatían a las dictaduras de la región, incendiaron la embajada de España en la capital guatemalteca donde se habían refugiado aborígenes, entre ellos el padre de la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, a cuya madre y hermanos también asesinaron. Los crímenes que han perpetrado y continúan cometiendo en Colombia los paramilitares son tan horrendos como los que perpetran y aun cometen en El Salvador y Guatemala, porque los asesinos de las Autodefensas Unidas de Colombia, son discípulos del mismo maestro, el Imperio, que les enseñó cómo interrogar, torturar, emboscar, incinerar y desmembrar seres humanos, sin importar si fueran niños, adolescentes, jóvenes, mujeres, hombres o ancianos. ¿Por qué tan similares y bestiales esos crímenes y los métodos utilizados?… porque seguían y siguen al pie de la letra, el “Manual contra insurgencia” redactado por los mismos verdugos que lo concibieron para aniquilar a la guerrilla de Vietnam y hoy también lo usan en Irak y Afganistán, como lo comprobaron, las fotos que lograron escalar los muros de Abu Ghrabi, y que al ser publicadas conmovieron al mundo por el sadismo de la soldadesca yanqui desatado contra los prisioneros allí encarcelados. En Guantánamo también han usado el “manual”, ampliado y mejorado con base en la experiencia acumulada en el Sudeste asiático y América Central, tan perfeccionado, que las torturas allí aplicadas han llevado a la locura a varios de los presos y a otros, a la muerte a través del suicidio, única vía de escape que esos infelices encontraron para salir de ese infierno en el que ha sido convertido ese pedazo de tierra arrebatada a Cuba por el Imperio. No escaparon al horror que desata EEUU y sus vasallos por el mundo contra quienes intentan liberarse de su yugo opresor, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, donde los dictadores asesinos de patriotas combatientes, desataron la pesadilla del “Plan Cóndor” y de otros proyectos de exterminio, todos sustentados en el “Manual contra Insurgencia”, que dejaron un alto saldo de muertos, secuestrados y desaparecidos, y el reparto de los hijos de las víctimas, que fueron repartidos entre familiares y amigos de los verdugos. Ahora, esa horda de bárbaros ha penetrado a través de la permeable y extensa frontera colombo-venezolana, ocupando estratégicas posiciones en el campo, pueblos y ciudades fronterizas, avanzando hasta llegar al corazón de la nación, en los barrios de Caracas donde cumplen la misión que les ha sido encomendada por su amo: la destrucción de la revolución bolivariana y de su líder, el presidente Hugo Chávez Frías. Es el mismo cáncer que inundó al Istmo centroamericano a Sudamérica, al Sudeste asiático y que aún sigue afectando a Colombia, y que ahora, lenta y subrepticiamente se está infiltrando en el cuerpo del país, atacando a sus órganos más débiles y vulnerables, afectados por la pobreza y otras lacras sociales, aún no superadas y cuya acción es estimulada por Washington y en el país, por los sus testaferros de la oligarquía urbana y del campo. Lo intentaron en 2004, pero fueron capturados en mayo de ese año, mientras se entrenaban ocultos en la hacienda Daktari, que cerca del pueblo de El Hatillo tenía el conocido golpista y organizador de guarimbas de origen cubano, Roberto Alonso, cerca de Caracas, donde asesinaron a uno de sus miembros que trató desertar del grupo y posiblemente denunciarlos. Los 130 terroristas detenidos habían ingresado por el Táchira, y su plan era atacar el principal cuartel de la Guardia Nacional en la capital, vistiendo uniformes militares venezolanos, para desde allí asaltar el Palacio de Miraflores y asesinar al jefe del Estado para hacer creer que se trataba de una sublevación de la Fuerza Armada Nacional. A pesar de que intentaron cometer un magnicidio y facilitar un nuevo golpe de Estado como el del 11-A, el presidente Chávez generosamente los indultó el pasado mes de agosto en su deseo de alcanzar el clima de paz que, como mediador requería para lograr el canje humanitario de prisioneros entre la guerrilla y el gobierno colombianos, pero su homólogo neogranadino, Álvaro Uribe Vélez, respondió con un acto de “barbarie diplomática” y traición, suspendiendo la mediación que adelantaba. De nada habría valido la noble decisión como la que ese día tomó el jefe del Estado venezolano, pues el Imperio y sus vasallos, implacables y vengativos, seguió con su plan desestabilizador, enviando paramilitares colombianos, esta vez empleando una táctica diferente, pues, en vez de hacerlo en un solo bloque y concentrarse en un solo lugar, como lo hicieron en 2004 , llegaron en pequeños grupos para instalarse en sitios estratégicos, primero en puntos cercanos a la frontera y luego en Caracas y otras ciudades. Estaban listos para actuar “El Día después”, en el marco del macabro plan golpista, que bajo ese nombre había sido designado por un sacerdote y otros conspiradores criollos, para ser ejecutado de haber triunfado el D-2, la opción del Si en el referendo de consulta del proyecto de Reforma Constitucional propuesta por Chávez, lo cual habría generado un baño de sangre, ya que el gobierno estaba al tanto del mismo y listo junto con el pueblo y la fuerza armada a dar una respuesta efectiva ese nuevo atentado contra la democracia. El propio jefe del Estado, ha venido denunciando hace tiempo la presencia de los paramilitares en el país, como parte del proyecto desestabilizador de Washington, que, viendo cómo han fracasado todas las conjuras realizadas por sus “cerebros” conspirativos, los “halcones” por la oligarquía criolla, los dirigentes de caducos partidos políticos y los dueños de los medios mercenarios, decidió otorgarle a los paramilitares esa tarea, en razón del estado de zozobra y de terror que han impuesto en Colombia, y que ahora quieren instaurar en Venezuela. La alarma activada por el jefe del Estado, no es una falsa, como tratan de hacer creer quienes promueven la destrucción de la Revolución Bolivariana, sino un peligro real e inminente, como también lo han denunciado políticos, intelectuales y otros estudiosos del proceso derivado de la nueva realidad político-social que vive América Latina y el Caribe, tras la emergencia en la región, de gobernantes progresistas como el venezolano, electos por el pueblo, en comicios transparentes. Esas democracias, surgidas a partir del triunfo de Chávez en Venezuela, se dieron en Bolivia, Brasil, Ecuador y Nicaragua, y por adelantarse allí, como sucede en Cuba desde hace medio siglo, procesos orientados a alcanzar progreso y bienestar para todos y no para unos pocos, derribando para ello, caducas estructuras de poder y sistemas basados en la explotación del pueblo y el saqueo de los recursos naturales, son hoy, como Venezuela, blanco de conspiraciones organizadas por EEUU y sus lacayos. Y para cumplir ese propósito, Washington considera que nadie mejor que los paramilitares colombianos, y que Venezuela, debe ser primera víctima, por ser vecina de Colombia, con un gobierno, siervo incondicional del Imperio, “portaviones” desde donde se le puede invadir con facilidad, sin costosos gastos de movilización de tropas y equipos bélicos, pues con solo atravesar a pie o en vehículo la línea fronteriza, se llega fácilmente a territorio venezolano y, eso es precisamente lo que han hecho las terroristas de las AUC. Se asentaron en el campo y se infiltraron en ciudades como Caracas, Maracaibo, Valencia, Maracay donde, como grandes narcotraficantes que son, venden droga muy barata como el “crack”, a los jóvenes con el propósito de que roben y asesinen y luego reclutarlos como “enlaces” o efectivos. En el agro, donde además de actuar como sicarios al servicio de los terratenientes, asesinando hasta ahora a más de un centenar de dirigentes campesinos revolucionarios, realizan secuestros, mientras que por otra parte se dedican simultáneamente al lucrativo negocio del contrabando de extracción, traficando gasolina venezolana hacia Colombia, desde Táchira y Zulia. La intención de esas acciones, según los analistas, hipótesis confirmada por los servicios de inteligencia oficial, es el crear un “clima de inseguridad” que genere descontento en la colectividad, plan que es apoyado por los medios golpistas que despliegan a grandes titulares en las páginas de la prensa escrita y en los espacios de radio y televisión. No obstante, dicha maniobra está siendo neutralizada por un Plan de Seguridad Ciudadana, del Ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, quien ha puesto en marcha un novedoso Plan Nacional Integral de Prevención del Delito, que ha reducido sensiblemente los índices de criminalidad en el país en las últimas semanas. Sin embargo y como la ofensiva imperial contra la Revolución es tan amplia, hasta el propio presidente Chávez es blanco de la perversa campaña de manipulación y desinformación propiciada por los medios, y uno de ellos, un canal de televisión convertido en tribuna y cuartel general del golpismo, llegó a acusarlo de estimular el consumo de drogas por haber manifestado que mascaba hojas de coca que le había enviado su amigo y homólogo boliviano Evo Morales, anunciando al mismo tiempo que solicitaría que fuera investigado por la Fiscalía General de la República. Pero, no se quedó allí su perversidad, ya que, inmediatamente el moderador del canal golpista colocó en la pantalla la imagen “congelada” de un pote de leche que el Presidente había derramado para mostrar el contenido de una lata de leche en polvo, envasada por una procesadora del producto que había inaugurado ese día en Machiques, estado Zulia, generando así un perverso mensaje subliminal al hacer aparecer la leche, en el subconsciente del televidente como cocaína en polvo. La maniobra se inscribe en el contexto de la conjura que pretende presentar a Chávez como facilitador del narcotráfico, por negarse a permitir las actividades de la DEA en el país, tras haberse descubierto que sus agentes realizaban espionaje y traficaban con droga, lo que hizo que el jefe del Estado ordenara suspender su misión en el país, generando fuerte protesta y malestar en Washington, que ahora utiliza esa legal y soberana decisión para acusarlo de ser cómplice del tráfico de drogas en la región. Lo que intenta EEUU con esa acusación es propiciar la intervención de los organismos internacionales en Venezuela, para dar pie a una eventual acción militar, como la lanzada contra Panamá en 1989 por orden de George Bush padre, bajo el cínico nombre de Operación “Causa Justa” para derrocar al general Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotraficante por Washington, crimen de lesa humanidad que costó la vida a miles de panameños que culminó con el secuestro y encarcelamiento del presidente. Ese mismo procedimiento estaría contemplando Bush hijo, para aplicarlo al mandatario venezolano, conjura que es estimulada por la andanada de calumnias y mentiras proferidas por altos funcionarios yanquis como la reciente acusación que hizo contra Chávez durante la visita realizada a Bogotá John Walters, director de la Drug Einforcement Agency, donde fue recibido por el presidente Uribe Vélez, quien ha sido señalado por la propia DEA y prominentes investigadores y periodistas como narcotraficante. Y es que todo cabe en la “dimensión desconocida” donde ejerce el Imperio su dominio, espacio donde el crimen en todas sus expresiones, por más ruines y perversas que sean, es considerado instrumento útil y viable para lograr sus objetivos, basados en la maquiavélica fórmula de que “el fin justifica los medios.“ De allí que, siguiendo esa consigna, en el caso de la penetración de los paramilitares en Venezuela, cualquier tipo de delito que se cometa en el país muchos de ellos perpetrados por los propios “paras”, no importa que sea leve o grave, es magnificado y descrito con los detalles mas morbosos por la prensa al servicio del Imperio y de la oligarquía criolla a fin de acrecentar el descontento en la sociedad. Este plan se ha venido cumpliendo con relativo éxito en las áreas rurales fronterizas, donde los paramilitares secuestran algunas veces hasta a los propios familiares de los ganaderos que les permitieron ingresar a esas tierras para estimular el sicariato y el secuestro, presentándose un efecto “bumerang” ya que la maniobra conspirativa se devuelve en ocasiones contra ellos mismos, no quedándoles mas remedio que pagar rescate y acusar como autores de los plagios a la guerrilla. No obstante, no les será fácil cumplir su cometido, pues los servicios de Inteligencia han detectado la conjura y están al tanto de sus planes y siguen de cerca todos sus movimientos, y no es descartable que en cualquier momento, siguiendo las instrucciones giradas por del presidente Chávez, las FAN se pongan en marcha una operación envolvente sobre los puntos de concentración de los paramilitares para poner fin definitivamente a esa nueva fase de la conspiración del Imperio y sus vasallos. Y así como fueron capturados hace 4 años en la hacienda Daktari de El Hatillo, aquellos primeros invasores, se espera que sean detenidos y neutralizados esos mercenarios del Imperio y de la oligarquía, con la diferencia de que no serán indultados, porque el Chávez de hoy no es el de antes. Ya lo ha dicho el Presidente que está dispuesto a enfrentar junto con el pueblo y la FAN cualquier agresión contra Venezuela, por muy poderosa que esta sea no importa si proviene de los mercenarios paramilitares, sino también si lo intenta el mismo ejército yanqui, para lo que ha desarrollado planes para enfrentarlo en una guerra asimétrica, como la que ayer derrotó al Imperio en Nicaragua, con Sandino al frente, con Fidel en Cuba, con Ho Chi Minh y Nguyen Giap en Vietnam y como hoy están siendo vencidos por los combatientes de la resistencia en Irak y Afganistán.
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