San Álvaro: Cerco de guerra para liberar cadáveres y una marcha de paz encabezada por paramilitares

Hernán Mena Cifuentes

Un nuevo santo, patrono protector de Colombia, está a punto de ser canonizado, según miles de ingenuos fieles, quienes creen que la cínica respuesta dada por Álvaro Uribe Vélez, al unánime rechazo del mundo a su plan de cercar los campamentos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y lograr su rendición, es un “milagro” a realizar por ese nuevo Ángel del Señor, como aseguran que lo es también la marcha a realizarse el martes contra la guerrilla, cuando la verdad es que esos “milagros” son una celada y una comparsa de carnaval encabezada por una horda de asesinos. Esos ingenuos no ven la maldad de Uribe, convencidos como están, de que el taimado mandatario revive con su perverso plan y su marcha, un milagro similar al realizado por el “mínimo y dulce Francisco de Asís”, el santo que Darío en uno de sus poemas, cuenta que salió en busca del lobo de Gubia, y al encontrarlo cerca de la cueva, usando únicamente al arma de su “lengua celestial”, alzando la mano, le dijo: “Paz hermano lobo” y lo convenció para que abandonara la selva, e ir al pueblo para convivir pacíficamente con la gente. Se equivocó el santo, admite Rubén al final de la poesía, porque el lobo solo encontró “saña, odio, infamia y mentira” y volvió a la jungla tras ser apaleado, “por esa mala gente”, como lo fueron hace 2 décadas, no solo torturados, sino asesinados los miles de guerrilleros de las Farc que ingenuamente creyeron en las falsas promesas de paz que les hizo el gobierno colombiano que exterminó a miles de esos combatientes que dejaron las armas y volvieron a la ciudad para insertarse en un proceso de paz que nunca existió. Son esas, las mismas mentiras que esconde Uribe cuando dice que en “En el evento de ubicar el lugar, (los campamentos guerrilleros) evitaríamos confrontación, procederíamos a llamar a la comunidad nacional e internacional para buscar una salida humanitaria. Tenemos la mayor urgencia en el tema de la liberación de los secuestrados”. Eso fue lo que aseguró el astuto y taimado mandatario, acosado por la avalancha de protestas que provenientes de todos los rincones del país y del mundo se produjeron en repudio a su engañoso e inmoral proyecto. Porque, el plan, de Uribe, lejos de ser un “milagro” digno de un aspirante a santo, es una ofensa a la inteligencia y una trampa preparada por él, que ha mentido y traicionado cuanto proyecto de paz y mediación se ha presentado durante el proceso de negociaciones para un canje de cautivos, especie de túnel, al final del cual, la única breve luz que hasta ahora ha brillado, ha sido la misión humanitaria del presidente venezolano Hugo Chávez, cancelada abruptamente por Uribe, a pesar del inicial éxito alcanzado y los demás logros que prometía. Es inviable también desde el punto de vista estratégico-militar, pues en ninguna mente normal, cabe la idea de que esos combatientes que durante décadas han sobrevivido a los peligros naturales de la selva enfrentando fieras, alimañas, enfermedades, hambre y sed, mientras que simultáneamente enfrentan a un ejército, armado por el imperio más poderoso del mundo, que le suministra apoyo logístico de hombres, y los mas sofisticados y modernos equipos y sistemas electrónico, y satelitales, vayan a rendirse ahora porque así lo ha planificado y lo desea Uribe Vélez. Es absurdo igualmente, porque al proyecto se oponen decidida y férreamente, los cautivos, los que han sido liberados, sus familiares y la conciencia planetaria, que coinciden al afirmar que ese irracional plan, oculta la misma estratagema y la misma trampa mortal en que cayeron cuantos intentos de rescate a sangre y fuego se han realizado hasta ahora, por lo que están seguros que, al igual que aquellos éste que ahora intenta Uribe Vélez, habrá de culminar con la muerte de los prisioneros. Y más absurdo, ilógico e inviable, no puede ser un plan que pretenda que esos combatientes, que desde hace mas de medio siglo, buscan justicia y libertad para su pueblo, luchando contra un sistema impuesto a la fuerza por el Imperio, en complicidad con la rancia oligarquía colombiana y el apoyo de gobernantes extraídos de sus propias filas, vayan a entregar las armas y entregarse sin oponer resistencia alguna, para ser llevados como mansos corderos, al matadero, que es lo que pretende hacer Uribe. No lo harán bajo esas condiciones, porque no olvidan que la última vez que lo hicieron, fueron traicionados (como lo fue el lobo en el poema de Darío) por el gobierno colombiano, que asesinó a miles de guerrilleros y otros dirigentes populares de comprobada trayectoria democrática que, creyendo en el diálogo que se abría como una esperanza de paz para un pueblo asolado por la guerra, abandonaron la selva y las armas para participar en procesos electorales que esperaban, sería el camino hacia la pacificación del país. Y, una vez que se insertaron en el falso proceso pacificador, fueron llevados al matadero, uno tras otro, aquellos luchadores, víctimas del genocidio político y el asesino sistemático más vil que conozca la historia de América Latina y el Caribe mediante una masacre, solo comparable en maldad, aún cuando mucho más grande que la que se había cometido medio siglo atrás contra Sandino, siguiendo el guión de la agenda que Washington y sus vasallos utilizan siempre para atraer a la trampa a sus enemigos, invitándolos al diálogo para asesinarlos. Fue así, como en 1984, al culminar de las conversaciones entre el gobierno de Belisario Betancur y el Estado Mayor de las FARC, se firmaron los acuerdos de La Uribe, mediante los cuales la guerrilla se incorporaba a la “legalidad” ofrecida por el régimen, una sentencia de muerte para miles de combatientes de las Farc y de dirigentes de otras organizaciones de izquierda que creyendo en su sinceridad, conformaron partidos políticos como la Unión Patriótica, integrada en su mayoría, por guerrilleros de la Farc-EP. La receptividad que la nueva organización de izquierda y revolucionaria tuvo entre el pueblo colombiano fue inmediata, al obtener sus candidatos, resonantes triunfos en los primeros procesos comiciales celebrados en 1986 cuando fueron elegidos 5 senadores, 9 representantes, 14 diputados, 351 concejales y 23 alcaldes, hecho que irritó al gobierno y a la oligarquía que al ver como perdían importantes espacios políticos, decidieron poner fin a ese avance de la izquierda, dando inicio a una nueva etapa del genocidio que desde décadas atrás habían desatado en Colombia. En el marco de ese plan de exterminio sistemático, que se inició ese año de 1986 y mantiene su vigencia hasta ahora, los verdugos al servicio del Imperio, de la oligarquía y de los gobiernos colombianos, han asesinado a miles de personas muchas de ellas durante el gobierno de Uribe Vélez, figurando entre sus víctimas, 2 candidatos presidenciales 8 congresistas, cientos de alcaldes y concejales y miles de activistas, simpatizantes y familiares de miembros de UP. ¿Cómo entonces, puede pensarse en la sinceridad del proyecto absurdo e inviable que ahora ofrece Uribe Vélez, tras haber sido puesto al descubierto sus malignas intenciones encubiertas bajo el disfraz de una oferta de falsas negociaciones, cuando son tan similares por el engaño y la traición que ocultan, a las que se les hizo hace 24 años con los acuerdos de La Uribe, manchados con la sangre de miles de hombres y mujeres que creyeron en sus hipócritas promesas de paz? Allí están, como mudos testigos, las cruces que marcan las tumbas donde yacen los candidatos presidenciales de la UP, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa y las de Manuel Cepeda Vargas, Pedro Luís Valencia, Alejandro Cárdenas-Villa, Gabriel Jaime Santamaría, Elkin Martínez, Henry Montenegro y miles de otros luchadores democráticos igualmente asesinados, por sicarios al servicio del Estado y de los paramilitares. También está la ignominiosa lista en la que figuran miles de campesinos asesinados en las masacres, como las `perpetradas en Cimitarra y Mapiripán por las AUC, y cuyos familiares no tuvieron el consuelo de llevarlos a una tumba porque fueron enterrados en fosas comunes o arrojados a los ríos para no dejar huella de esos crímenes, cometidos casi siempre con apoyo del ejército que facilita aviones, helicópteros, “jeeps” y lanchas, para asaltar los pueblos donde descuartizaron niños, hombres, ancianos y mujeres, con bayonetas y moto-sierras. Al extenso prontuario criminal que exhibe el Estado colombiano se suman otras miles de víctimas de torturas, registros y detenciones arbitrarias, arrojadas a las cárceles del Estado colombiano que viven en infrahumanas condiciones, sin juicio alguno y, que, pese a que algunas de ellas son liberadas, por no encontrar el fiscal o el juez razón alguna para privarlas de libertad, son devueltas a los calabozos por órdenes de los cuerpos policiales que perpetran secuestros a su antojo contra cualquier sospechoso de colaborar con la guerrilla, incluyendo periodistas y defensores de los DDHH. Esos son los secuestrados, presos “invisibles” de un gobierno; fantasmas sin voz ni imagen, que emergen fugazmente de las sombras en que viven, cuando algún familiar o un abogado los nombra o los visita, o cuando la lluvia no logra borrar el mensaje del graffiti de protesta, escrito en los muros del penal o en las paredes de la ciudad en el que se denuncia su ilegal detención, como lo es también la de los combatientes extraditados al Imperio en sumiso signo de vasallaje de un régimen que obedece ciegamente sus órdenes. A fin de mantener la imagen de agredida democracia, de que según él, es víctima Colombia por parte de las FARC, ahora Uribe, en gesto de genuflexión, se postra ante su amo, para organizar una marcha mundial de protesta contra las FARC, contando como siempre con la ayuda de los medios propiedad de la oligarquía y de otros miles más al servicio del Imperio alrededor del mundo y de organizaciones fascistas que se escudan tras la máscara de defensores de los DDHH. El hecho de que ese evento tendrá lugar un lunes de Carnaval, coincide con el espíritu de esa milenaria festividad que, según algunos historiadores se originó en la antigua Roma, donde el emperador permitía a los esclavos extravagantes diversiones, como burlas, imitaciones y el uso de máscaras para ocultar la identidad de sus autores, similares a la que ahora se ha colocado Uribe para agredir a la inteligencia humana con la farsa de la Marcha contra las Farc, una manifestación a celebrarse no solo en Colombia, sino otras partes del mundo, incluyendo a Venezuela, donde abundan apátridas pitiyanquis. Se estima que en la misma participarán millones de personas, la mayoría confundida y manipulada por la monumental campaña de desinformación desplegada por los medios al servicio del Imperio que, por efecto de la dictadura mediática que ejercen sobre la opinión pública, satanizan a las Farc y a todo aquel que con su lucha por la dignidad y soberanía de los pueblos, signifique una amenaza al poder del capitalismo y su modelo neoliberal en el planeta, distorsionando la realidad y la verdad en aras de los mezquinos intereses del sistema. Más, como lo sentenció Abraham Lincoln al decir que “podrás engañar a todos durante algún tiempo, podrás engañar a alguien siempre, pero no podrás engañar siempre a todos”, la dictadura mediática imperial se está derrumbando por la acción de los medios alternativos al servicio de los pueblos, que en Venezuela y otras países donde existen gobiernos democráticos, divulgan la verdad, denunciando las diabólicas maniobras de Bush y Uribe Vélez que pretenden ocultar el drama colombiano, organizando marchas como la prevista para el 4 de febrero. Porque, ¿sabe usted quiénes estarán al frente de esa marcha? Serán los Paramilitares, esa horda de asesinos implacables, quienes junto con el canciller Araújo y otros ministros de Uribe, encabezarán la marcha contra las FARC en Bogotá, que además se realizará en Barranquilla, Medellín, Cali, Cartagena y otras ciudades y pueblos del país, convertida en una comparsa más de los muy famosos carnavales colombianos. Porque eso y nada mas que una burla a la verdad y una carcajada de desprecio a la dignidad humana, es el apoyo de Salvatore Mancuso, Iván Roberto Duque, Hernán Giraldo y Carlos Mario Jiménez y otros cabecillas de las AUC a la marcha, por tratarse de asesinos sin rivales en los anales del crimen en América Latina y el Caribe, como autores de la muerte de miles de hombres, mujeres y niños quienes, luego de recibir a esa otra criminal, que es Condoleeza quien los visitó junto con Uribe en la cárcel de Itagui, aledaña a Medellín, emitieron un comunicado, apoyando la marcha del 4 de febrero. Solo el cinismo del mandatario colombiano y la orfandad moral que le acompaña, podían permitir que se diera ese acto de barbarie que viola normas y principios que rigen la conducta de la sociedad planetaria, colocando al frente de ese evento, a una caterva de asesinos en serie, autores de un genocidio condenado por el mundo, y que en vez de purgar sus crímenes hoy disfrutan de ventajas y privilegios como cómplices de Uribe Vélez, su protector y líder. Por esas y otras razones, son muchos los colombianos que no van a participar en ese evento, entre ellos las madres, padres, hijos, hijas, esposos y esposas y demás familiares de los cautivos, lo mismo que buena parte del pueblo colombiano no están dispuesto a caer en la trampa que significa ese evento, que sólo sirve para dar un poco de aliento a Bush en la agonía de su mandato, y busca reforzar las ambiciones de Uribe que aspira alargar su presencia en el palacio de Nariño. Tampoco partidos políticos colombianos como el Polo Democrático Alternativo han caído en la celada tendida por Uribe, anunciando que no participarán en el evento del 4 de febrero. Y en medio del ensordecedor bullicio de los preparativos de la comparsa que es la marcha, se escucha el clamor angustiado de mujeres como Astrid Betancourt, hermana de Ingrid, la política cautiva de las Farc, cuya liberación estaba a punto de darse, cuando Uribe cometió aquel “acto de barbarie diplomática” que suspendió la misión humanitaria que adelantaban Chávez y esa digna y valiente mujer, la senadora colombiana Piedad Córdova, víctima hoy del acoso de cobardes, que la agraden y amenazan con asesinarla, llegando al extremo de acusarla de traición a la patria. Astrid, dando muestra de gran valentía y sinceridad a toda prueba, reiteró este martes la irreductible posición asumida por los familiares de los prisioneros en manos de las FARC, opuesta a que el ejército, tal como propuso Uribe, cerquen la zona donde se supone que la guerrilla mantiene a los cautivos, porque, hacer un cerco de los rehenes, -dijo- “es ir hacia la liberación de cadáveres”, en clara alusión a la casi segura muerte a que están condenados en caso de un intento de rescate a sangre y fuego, como aspira Uribe Vélez. No fue esa la única verdad que dijo Astrid ese día, quien también dijo que “el presidente venezolano es ineludible para tratar el tema del canje humanitario, un fantasma, especie de tabú que le roba el sueño y persigue día y noche a Uribe Vélez que vive aferrado a la obsesión de negarle a Chávez, espacios en el proceso de negociaciones llamado a abrir las puertas a una eventual paz que ponga fin al conflicto armado en el país neogranadino, algo que no desean Uribe ni Bush, porque viven como parásitos que se alimentan de esa inmoral guerra. Cuando las aguas vuelvan a su cauce, y se haya silenciado el estruendo de mentiras y el ruido del paso de una marcha a la que acudieron un grupo de asesinos, confundidos entre millones de ingenuos y crédulos que creyeron ver en Uribe un santo y en Bush, un cruzado de la libertad y la justicia que desata guerras en Irak, Afganistán y alimenta con billones de dólares el conflicto de Colombia, se conocerá la verdad, que conducirá al triunfo final del Bien sobre el Mal. Porque, como asegura Cicerón, “Casi siempre, a las acciones de los malvados las persigue primeramente la sospecha, luego el rumor y la voz pública, la acusación después y, finalmente la justicia,” por lo que, más temprano que tarde, Bush y Uribe, serán juzgados por sus crímenes, junto con los “halcones” imperiales y los psicópatas asesinos en serie que son los paramilitares, criminales que acompañarán a una multitud de ingenuos en esa comparsa de carnaval, burda imitación de la verdad que será la marcha contra las Farc fijada para el 4 de febrero.

“Casi siempre, a las acciones de los malvados las persigue primeramente la sospecha, luego el rumor y la voz pública, la acusación después y, finalmente, la justicia.” Cicerón

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