El socialismo no se construye con leyes, se construye con prácticas

Melquíades Iguarán – Colectivo El Lumpen
(Resumen Equipo Periódico Proceso)

Algunos dicen que matemáticamente seguimos
ganando. Esto puede ser cierto a simple
vista y tal vez nos sirva de algún consuelo.
Algunos dicen que los que estaban contra la reforma
no superaron sustancialmente la pasada
votación para la presidencia de la República, y
que se abstuvieron casi 3 millones de “chavistas”
que no comprendieron o no aceptaron
que votar por el NO, significaba votar contra
Chávez. Esto puede ser un superficial ejercicio
de aritmética, más que de matemáticas modernas,
porque la teoría de conjuntos nos puede
decir que hay un conjunto intersección formado
por personas que estaban del lado del SÍ pero
votaron por el NO. Es decir, que tal vez el NO
tuvo un voto decisivo de probables “chavistas”.
Y tal vez, lo más doloroso para un proceso “revolucionario”,
que los estratos pobres alimentaron
significativamente
la votación por el NO.
Al menos en la zona donde vivo, fuertemente
escuálida, no llegué a observar a los partidarios
naturales de la contra revolución movilizándose
a votar masivamente. La ciudad mostraba una
abstención distribuida. Esto lo constaté cuando
presencié que, a las 2 de la tarde, cómo las
bandas de Primero Justicia recorrían impunemente
las calles de Los Palos Grandes llamando
a la gente a votar de una forma bien insultante,
(o dependiendo como se vea, de una forma
“sincera”) al gritarle a la gente que “!Dejara
el control remoto de su televisor y saliera para
apretar el control remoto del voto!”.
Seguro nos veremos, sumergidos en diferentes
cuentas y estadísticas, demostrando
nuestros
precarios conocimientos de matemáticas,
para tratar de explicar este resultado
no esperado por nadie. Porque si algo tiene
de paradójico este resultado, es que ni los
contrarreforma ni los reformistas, esperaban
este resultado.
Sin embargo, el pueblo no es un simple
número. Y por eso ganó la abstención. Ganó el
desaliento, y esto lo observé en Petare, cuando
la gente que escasamente iba a votar por el SÍ,
añoraba el entusiasmo movilizador y organizativo
de las UBES, además de hablar muy mal de los
encargados del PSUV y demás jerarcas de la
zona. Políticamente es una derrota, y eso no
hay que ocultarlo. Es una derrota parecida a la
caída de Cassius Clay frente Foreman en aquella
terrible noche de 1973, duele no sólo el golpe
sino la caída.
Para tragar la derrota: no dejarse atrapar
por el discursito de la formalidad democráticaburguesa
Los balances que señalan que “ganó el civismo”,
“demostramos el modelo democrático que
se ha construido” , que “se derrotó la matriz
negativa sobre Venezuela” (como si ahora
la gente en el exterior va a pensar que –de
verdad- en Venezuela no hay una dictadura),
que “se fortalecieron las instituciones”, que
salió inmaculada la credibilidad del CNE… bla,
bla, bla… suenan muy consoladores y buenos
para cerrar -con una de esas frases banales
de Paulo Coello- un round donde en realidad
salimos consternados, rabiosos, y deprimidos.
¡Arrechos pues!
Es una derrota y punto. Las derrotas políticas
sirven además para aprender la lección.
Mohamad Alí aprendió que no bastaba con
ser “bocazas”, que no era suficiente una alta
dosis de soberbia para derrotar al enemigo. Lo
demás es el Iodex [1] untado en la superficie de
la piel después del traumatismo. Lo demás es
un ejercicio de “autoestima”, de meditación; de
un necesario reconocimiento,
porque ya lo sabíamos,
que nuestro pueblo cree en las prácticas
democráticas así –lamentablemente-
se hayan
reducido a lo electoral;
de reconocer que, ante
todo, se debe mantener
una práctica política
con ética, que no recurre al engaño. Pero es
una derrota, y lo primero es hacerla conciente
para superarla. En realidad, en este momento no
sólo interesa si el pueblo es democrático, bla,
bla, bla… interesa si a gran parte del pueblo
le interesa la revolución. Al menos, parte de la
gente chavista que no votó y algunos chavista
que votaron por el NO, demostraron el insuficiente
respaldo por una reforma constitucional que
pretendía abrir camino a la revolución.
Es, en primer lugar, una derrota en lograr
movilizar y convencer que la reforma le favorecía
a ese mismo pueblo que ha respaldado este
proceso que lleva casi 9 años. Es una derrota
para la prédica del socialismo. Sin embar-
En primer lugar hay que reconstruir
el vínculo entre el
liderazgo y el pueblo.
(…)
El vínculo más cercano con el pueblo son
los gobiernos locales, las misiones, la reserva,
otras organizaciones y movimientos populares
que han nacido en estos años y, finalmente, el
recién nacido PSUV. Es evidente que la forma
de vinculación con el pueblo a través de estas
instancias es muy diversa, y sería irresponsable
hacer juicios generales. Uno se pregunta
dónde estuvieron los votos de las misiones, de
los estudiantes de la Misión Sucre, de la UBV,
de la UNEFA… la respuesta a esto es muy
compleja y depende mucho de comprender el
tipo de relaciones que se han establecido entre
el pueblo participante y estas instancias del
Estado naciente.
(…) Este desaliento, promovido
por algunos
gobiernos locales va en dos sentidos: el
primero es un desaliento promovido
en forma
Melquíades Iguarán – Colectivo El Lumpen
(Resumen Equipo Periódico Proceso)
blanca, verde, amarilla o verde. Algebra popular.
Desarrollar una pedagogía
(metodología)
de la liberación
en la construcción de diversas
modalidades organizativas
Reconstruir el vínculo orgánico con el
pueblo, significa desarrollar una metodología
participativa,
de fortalecimiento ideológico y
de formación de cuadros revolucionarios. La
metodología
participativa
debe enfrentar la
práctica burocrática, clientelar y oportunista
de los que tienen posiciones de poder nacional,
regional y local (en el aparato del Estado, en el
reciente creado PSUV, y en los otros partidos
del proceso) que reproducen las relaciones de
dominación política.
(…)
El socialismo se construye fundamentalmente
desde la base, con prácticas que
generen una conciencia social cooperativa,
solidaria, socialista. El estilo del liderazgo y
las prácticas organizativas son fundamentales
para esta construcción. Un estilo que promueva
la participación contra el paternalismo;
la educación para la liberación frente a la
pedagogía y frente al lenguaje del dominador.
Un estilo que promueva una dirigencia creativa,
fresca, responsable,
joven, honesta, socialista,
que trabaje en equipo. Un estilo que promueva
que el pronombre personal más utilizado sea
el NOSOTROS y no el YO.
(…)
El movimiento popular necesita de la organización
popular, la organización popular necesita
de la organización política (sea el PSUV o
cualquier otra organización política de izquierda
revolucionaria) y ambos, organización popular y
organización política revolucionaria necesitan de
la teoría y la ideología revolucionaria.
La teoría y la ideología revolucionaria tienen
que ver con la definición del socialismo
que queremos. Esta definición no se encuentra
en los espacios académicos, se forja en
los espacios políticos. Para ello tenemos
que pasar de la superficialidad de la simple
consigna del socialismo a la fortaleza de la
práctica socialista. No será fácil porque implica
primero reconocer al otro, al compañero o
a la compañera. Trabajar en equipo. No será
fácil porque significa reconocernos, y en este
sentido hay que comprender que estamos en
esto por nosotros, por los demás, no por una
individualidad. Estamos aquí por nosotros, y
en ese NOSOTROS, entra también ese liderazgo
que encendió esta esperanza, y que está
encarnado en el Chávez pueblo. Ese Chávez
que nos identifica porque nos identifica ser
pueblo. No se trata de endiosar ni al pueblo
ni al líder. Si ocurre esto, estamos seguros
que esos procesos tienen poco futuro. Se
trata de identificarnos colectivamente
bajo los
intereses que tenemos como clase dominada
por el capital; se trata de defender nuestro
ser, y este ser, como decía Marx es un ser
genérico, es decir un ser en colectivo, en
sociedad, donde el liderazgo es liberador en
la medida que reivindica que las revoluciones
las hacen los pueblos organizados y no los
espíritus iluminados.
Estamos convencidos que, gran parte de la
sobrevivencia de esta esperanza depende de
nuestra capacidad para convertir este proceso
de una revolución para el pueblo a una revolución
del pueblo. ¡Pat r ia Soc ial ista o Muer te!

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